Cuando Eva se convirtió en Cecilia (Valentín Martín).

Sobre los rescoldos de Mayo del 68 y la Guerra de los Seis Días en la que Israel arrasó a Egipto, se levantó la decisión de una muchacha trotamundos. Quería dejar de seguir a su padre de embajada en embajada,  parar y quedarse en España para desde aquí empezar una carrera en la música. Su formación era anglosajona por sus vivencias en Estados Unidos y el Reino Unido. Por eso cantaba en inglés y tenía una tendencia a la libertad que aquí no existía. Pero antes de que el país cambiase, quien cambió fue ella. Primero, el nombre de Eva que ya estaba registrado. Eligió Cecilia llevada del entusiasmo por la canción de Simon and Garfunkel. Luego, al conocer la seducción de nuestra música popular, abandonó el inglés y se instaló en nuestro idioma. A partir de ahí, todas sus canciones eran sus propios poemas. Enseguida topó con la censura y se vio obligada a buscarle las vueltas a sus letras para que fueran aceptadas. Hay un cierto sarcasmo en esta tarea: muchas soluciones las encontró en un sótano de un café situado en la calle a espaldas del despacho de Fraga, el «Gran Censor». Ella perteneció a una generación de cantautores que lucharon en varios frentes. Hay una cierta semejanza en los orígenes musicales con Luis Pastor. El cantautor de Berzocana aprendió en su adolescencia con los curas obreros de Vallecas. Cecilia le debe sus orígenes a una monja norteamericana. Y a partir de ahí, los caminos se separan. El extremeño se entregó a la canción social. La joven nacida en El Pardo, buscó sus creaciones dentro de sí misma. Estremece pensar que Cecilia no cumplirá este año los 77 que le tocaban. Cuando se mató en la carretera, entrando en el «Club de los 27», había encontrado ya la plenitud personal, artística, y sentimental. Su música sigue viva.

Aquí os dejamos el vídeo y la letra de la interpretación de «Mi querida España» sin censura en el festival de Mallorca de 1975 (canal Cecilianet).

Mi querida España.
Esta España viva,
esta España muerta.

De tu santa siesta
ahora te despiertan
versos de poeta.

¿Dónde están tus ojos?
¿Dónde están tus manos ?
¿Dónde tu cabeza?

Mi querida España.
Esta España mía,
esta España nuestra.

Mi querida España.
Esta España nueva,
esta España vieja.

De las alas quietas,
de las vendas negras
sobre carne abierta.

¿Quién pasó tu hambre?
¿Quién bebió tu sangre
cuando estabas seca?

Mi querida España.
Esta España mía,
esta España nuestra.

Mi querida España.
Esta España en dudas,
esta España cierta.

Pueblo de palabras
y de piel amarga,
dulce tu promesa.

Quiero ser tu tierra,
quiero ser tu hierba
cuando yo me muera.

Mi querida España.
Esta España mía,
esta España nuestra.

Mi querida España.
Esta España mía,
esta España nuestra.

Créditos:
Imagen de portada: portada primer disco publicado por Cecilia en estudios Audiofilm en 1972.

Lectura recomendada: Cuando canta la poesía. Rafa Mora y Moncho Otero. Valentín Martín. Narrativa no ficción. Eirene Editorial.

Realismo mágico: el puente entre lo visible y lo invisible. 2ª parte (Cristina Mª Ménendez Maldonado).

El realismo mágico o neorrealismo mágico como lo llaman en mis novelas, especialmente en Palabras de lluvia y El vendedor de abanicos, propone una manera de habitar la realidad poéticamente, reconociendo que existe un sentido invisible. De ese modo, la magia revela la realidad, algo que también percibo en otras artes como la pintura, el cine, la música, que me atraviesan literalmente, y me colocan en ese mundo intermedio en el que lo mágico es simbólico y real a la vez. Como dice el director de cine, Victor Erice, lo mágico nace de la mirada y habita lo invisible.

Escribo desde la convicción de que la realidad no se agota en lo visible. El realismo mágico, tal como lo practico, no huye del mundo: lo escucha con más atención, lo viste de poesía y lo abre a esa dimensión invisible. La magia acompaña y se respira, no se razona.

Así quise expresarlo en la cita que escribí para mi novela Palabras de lluvia:

Hay palabras que llegan despacio, gota a gota, en un asedio constante al corazón. Nunca fueron intrépidas, ni valientes. Palabras sencillas, cotidianas. Palabras de lluvia.

Cristina M.ª Menéndez Maldonado leyendo «Palabras de lluvia». Foto Gerson A. de Sousa.

En ella no quise demostrar, sino revelar; no definir, sino hacer sentir. Se percibe lo invisible a través de la lluvia, de las palabras en quechua, de las voces heredadas de ancestras, de la selva y sus misterios. Y todo se confabula para mostrar un mundo que habla en susurros, señales, atmósferas, amores cotidianos, y las palabras como lluvia que cae sobre los lectores, y crea una música especial, esa que late entre mundos… Y la lluvia, no paraba de hablar.

«… Las noches asturianas habían conseguido año tras año serenarla, y era precisamente en ese lugar, en un punto elevado de aquel valle, donde había recobrado sus lazos con la tierra y el cielo, donde volvió a reconocer los caminos. La Pachamama no era distinta de la que conocía, tampoco el río, aunque jamás viera delfines en Aller. El espíritu de todas las cosas permanecía intacto en aquellas montañas y sentía vivo el Kausay*, la energía vital, sagrada, que anima la naturaleza y que tantas veces mencionó la abuela. El cielo y la tierra, la lluvia, las estrellas, los animales y las plantas, todo tiene su aliento, todo es sagrado. En todos esos años había aprendido a respetar el pulso de la vida, sus procesos y cambios, pero nunca como en aquel momento había sentido una conexión igual. Cada minuto de su día a día le recordaba, en la sencillez de los quehaceres cotidianos, que todo, hasta lo más simple, es venerable…» (Fragmento de Palabras de Lluvia).

El vendedor de abanicos contiene a su vez historias que el batir del abanico despierta, como las trenzas cobrizas cual senderos recónditos e interminables, o los impacientes zapatos viejos que revelan las historias de los que fueron sus dueños, o las sirenas que inventaron el secreto lenguaje de los abanicos:

«… A veces esparcen sombras, murmullos, maldiciones. Otras alientos, despedidas, deseos. Así son los vientos, inconstantes, tornadizos. Ignoran que sus soplos dejan restos imborrables en las almas…

… Cuando todos duermen, no hay palabras, ni gestos, tampoco desaires o amoríos… Es el tiempo de los abanicos…
Los hay que planean bajo, en círculos, pues el peso de sus adornos y encajes no les permite elevarse ni tan siquiera a media altura. Disfrutan contemplando el reflejo de sus sombras, y acarician la tierra con su belleza. Incluso en sueños se saben pesados; presos de miriñaques y varillas. Renunciaron a la libertad, y viven un amor entre cadenas y desiertos.
Los más flexibles consiguen remontarse un poco más alto. Su alma es liviana y a menudo descienden para enredarse en oleajes y arena. Solo a veces alcanzan ese lugar intermedio, soñado, en el que se besan los mundos. En ese instante efímero entre el cielo y la tierra, son dichosos.
Los más ligeros consiguen tocar las estrellas. Su alma quedó prendida al otro lado del espejo, y ya jamás pisarán el suelo. Viajan en la eternidad de los vientos, y se alimentan de silencio, en un retorno infinito hacia sí mismos, que deja rastros de sombras, luces, a ratos desvelos.
Algunos jamás volaron, aunque conocen la tierra, el cielo, los astros, el silencio… Guiados por su propio latido se abandonan, dentro y fuera de sí mismos… Solo ellos conocen el nido donde se gestan los sueños». (Fragmento de El vendedor de abanicos).

La lluvia y el viento están presentes en ambas novelas, como elementos naturales que son atmósfera y recurso creativo, realismo mágico en sí mismos.

Solo diré en mi defensa que escribo así porque no sé mirar de otra manera. Porque hay realidades que solo se revelan cuando se extrae de ellas, cuidadosamente, esa esencia que es como una gota alquímica y que contiene todo un mundo; cuando se las deja ser lluvia, viento o susurro. Mis historias no buscan explicar lo mágico, sino habitarlo, respirarlo. Y si algo queda en quien lee —una música leve, una sensación que no se deja atrapar por las palabras— tal vez sea porque lo invisible, por un instante, ha encontrado su nido.

Créditos:
Imagen de portada: Lluvia y viento. Foto Gerson A. de Sousa.

Lectura recomendada: Palabras de lluvia y El vendedor de abanicos. Cristina M.ª Menéndez Maldonado. Narrativa ficción. Eirene Editorial.

Realismo mágico: el puente entre lo visible y lo invisible: 1ª parte (Cristina Mª Ménendez Maldonado).

Las dimensiones literarias del «realismo mágico» han sido y siguen siendo motivo de grandes controversias entre críticos, de modo que se ha tratado de definir y de algún modo «acotar» sus límites entre lo real y lo puramente fantástico.

La preocupación de definirlo erróneamente en un ámbito académico, hace hincapié en la importancia de estructurar y organizar los estilos, los impulsos, en anotaciones bien asentadas en datos, para evitar ambigüedades, y precisamente en ese intento en el que, en mi opinión, se pierde el verdadero sentido del realismo mágico.

Cada escritor representa una mirada, una perspectiva, que no debería encasillarse ni tratar de encerrarse en ninguna definición, o al menos no completamente. Analizar una obra, aun siendo una aproximación interesante y bien opinada, debería ir más allá y «sentirse», no solo «analizarse».

Para mi el realismo mágico es solo una consecuencia de un viaje profundo y silencioso, que el escritor transita de la mano de sus personajes. Una senda que le lleva a lo que Henry Corbin denominó el Mundus imaginalis y que representa un nivel de realidad autónomo, distinto tanto del mundo sensible/material, como del mundo puramente intelectual o abstracto. No es «imaginario» en el sentido de irreal o ficticio, sino un mundo real al que se accede mediante la imaginación creadora.

Lo mágico en el realismo en tanto que invisible, no es irreal, si no que pertenece a otro nivel de realidad. Las metáforas, son realidades vividas con otra forma de percepción y la literatura se convierte en acto de conocimiento, no solo en creación estética.

Además, en la fantasía existe una ruptura de la realidad y la duda de si es o no real, sin embargo en el realismo mágico, tal y como yo lo entiendo, ligado a ese Mundus imaginalis hay una aceptación natural. Lo imaginal revela y es ontológico. Por tanto, lo mágico, coexiste con lo visible.

«Mundus Imaginalis». Dibujo de Cristina Mª Menéndez y fotografía Gerson A. de Sousa.

Para mí, escribir, es un acto mágico en sí mismo. Lo mítico sigue respirando como parte de ese viaje personal. El realismo mágico así entendido combina lo cotidiano con lo extraordinario, sin que lo mágico rompa el orden del relato. Lo nutre, lo alimenta, lo ilumina y muestra la llave hacia un espacio narrativo en el que convive lo real y lo mágico.

Para algunos críticos o autores como Carpentier, el realismo mágico se asienta en una postura teórica, sin embargo la visión de García Márquez, me acerca mucho más a la percepción que como autora tengo en mi proceso creativo. Márqueze habla de «práctica narrativa» en la que la magia aparece como parte de la memoria, la oralidad, la imaginación o la experiencia cotidiana. No es lo mismo explicarlo que vivirlo, y ahí para mi está la clave, al igual que en la naturalidad, porque es algo inherente al ser humano, es parte de su memoria ancestral, de su psique. Lo mágico sirve para hablar de soledad, violencia, amor, destino, y su función es existencial, narrativa y trasciende cualquier barrera mental y sistematizada. Es la esencia misma de lo creativo, que no necesita adornos, ni etiquetas. Es natural y extraordinaria a la vez.

Créditos:
Imagen de portada: Realismo Mágico. Dibujo de Cristina Mª Menéndez Maldonado.

Lectura recomendada: Palabras de lluvia y El vendedor de abanicos. Cristina M.ª Menéndez Maldonado. Narrativa ficción. Eirene Editorial.

María Lejárraga, un recuerdo necesario en Carabanchel (J. Nicolás Ferrando).

Hay libros que no solo se leen: se escuchan, se recuerdan y, sobre todo, reparan olvidos. Es lo que he intentado realizar en 15 imprescindibles de Carabanchel y Latina. Esta obra propone un recorrido literario y emocional por dos de los distritos con mayor densidad histórica y humana de Madrid, pero lo hace desde una perspectiva singular: la de los relatos que explican el territorio a través de las personas —muchas veces silenciadas— que lo habitaron o lo soñaron.

«15 imprescindibles de Carabanchel y Latina». J. Nicolás Ferrando. Artelibro Editorial.

Entre esos quince textos destaca el relato sobre María Lejárraga, una de las grandes creadoras españolas del siglo XX y, paradójicamente, una de las más invisibilizadas y olvidadas. El texto, titulado «Las decepciones de María Lejárraga», no se limita a trazar una biografía al uso, sino que reconstruye, con pulso narrativo y rigor histórico, una vida marcada por el talento, el amor, la renuncia forzada y una cadena de decepciones que hoy resuenan con especial fuerza, cuando seguimos construyendo —no sin dificultad— una sociedad verdaderamente igualitaria.

El relato sitúa el origen de todo en una verbena popular de Carabanchel, a finales del siglo XIX. Allí, entre farolillos y música festiva, comienza la historia de una mujer que escribiría algunas de las obras teatrales más importantes de su tiempo sin poder firmarlas. La escena no es casual: Carabanchel aparece como espacio simbólico, como lugar de cruce entre lo popular y lo intelectual, entre la celebración colectiva y la soledad íntima de quien empieza a comprender que su voz no será aceptada fácilmente en un mundo hecho a la medida de otros.

María Lejárraga fue autora de comedias, dramas, libretos, ensayos y artículos políticos. Sin embargo, durante décadas, su obra apareció firmada por su marido, Gregorio Martínez Sierra. No fue una cesión inocente ni romántica, sino una estrategia de supervivencia en una sociedad que rechazaba que una mujer aspirase a ser creadora en igualdad de condiciones. La primera gran decepción de María no vino del público ni de la crítica, sino del ámbito familiar, donde se consideró indecoroso que una «señorita» publicara literatura. A partir de ahí, el silencio se convirtió en norma.

María Lejárraga retratada por Julio Romero de Torres.

El relato incluido en 15 imprescindibles de Carabanchel y Latina recorre con delicadeza y firmeza ese proceso de borrado: el éxito teatral sin nombre propio, la traición sentimental cuando Gregorio inicia una nueva vida con la actriz Catalina Bárcena, su compromiso político durante la Segunda República y, finalmente, su largo y doloroso exilio. Incluso en Estados Unidos, ya anciana, María volvió a sufrir una última decepción cuando un cuento suyo fue rechazado por un gran estudio cinematográfico y, poco después, transformado —sin crédito alguno— en una famosa película de animación firmada por Walt Disney.

Este texto no solo recupera una figura histórica: dialoga directamente con el presente. Porque la historia de María Lejárraga es también la de tantas mujeres cuyos trabajos fueron apropiados, minimizados o directamente borrados del relato oficial. Por eso no es casual que el relato esté dedicado a Chelo Altable, creadora de Eirene Editorial. Su labor editorial se ha centrado precisamente en rescatar voces ocultas, memorias incómodas y relatos necesarios que cuestionan los discursos patriarcales y las inercias culturales que aún persisten.

La dedicatoria funciona como un puente entre generaciones: de una mujer carabanchelera que no pudo firmar sus obras a otra —también vinculada a Carabanchel— que hoy crea espacios para que esas historias salgan por fin a la luz. En un momento en el que la igualdad se reivindica no solo como consigna, sino como práctica cultural, social y política, iniciativas como Eirene Editorial resultan más necesarias que nunca. Porque la narrativa, la poesía y, en definitiva, la literatura debe servir para comprendernos mejor y para evolucionar como sociedad.

Leer a María Lejárraga hoy no es un ejercicio nostálgico, sino un acto de justicia. Tenemos la obligación moral de sacarla del olvido. Porque hay que nombrar para reparar. Y leer, para no volver a callar.

Créditos:
J. Nicolás Ferrando, director de Artelibro Editorial.
Foto portada: fotografía del archivo fotográfico de la Fundación Manuel de Falla.

Voces femeninas en la Edad Media – 4ª parte: Reflexión (María Consuelo Altable).

Como os he explicado, cuando hablaba de las escritoras cristianas y musulmanas, hay constancia de su existencia, y de sus obras; sin embargo en el caso de las mujeres judías, aclaro que desde el punto de vista del canon literario solo son atribuciones, con discrepancias entre los investigadores.

Sí, hay voces femeninas en la Edad Media y sí, también hay silencios, o son voces anónimas, perdidas que aun no han llegado a nosotros, y que esperan el momento de ser recuperadas, que quizás ocurra, o quizás no, pero como forman parte del colectivo de mujeres que compartieron la singularidad de escribir, de crear, también empiezan a brillar en nuestro firmamento literario.

Yo creo que cada vez que leemos a alguna de estas mujeres se crea una especial armonía en el universo, el silencio ya no es desconocimiento porque su voz se convierte en nuestra voz.

Así que si queréis disfrutar y descubrir como vivían estas mujeres medievales que son nuestras antepasadas, os recomiendo los siguientes títulos de ficción:

Moras y cristianas, de Ángeles de Irisarri y Magdalena Lasala. Son historias de mujeres que vivían en el medievo en los reinos cristianos y en al-Andalus

Perlas para un collar, de Ángeles de Irisarri y Toti Martinez de Leza. Es mucho más intenso y completo porque son relatos que recuperan la vida de mujeres cristianas, judías y musulmanas.

Wallada, la Omeya. Magdalena Lasala, novela la vida de la princesa Ual-lada.

Diosas del silencio de Cristina María Menéndez Maldonado. Diosas del silencio se apoya en costumbres, tradiciones e historia medievales, y acompañamos a su protagonista Iria y al resto de personajes que se entrecruzan en su vida en una espiral que les lleva a encontrar en su yo más profundo la voz de la Diosa.

Y sí queréis ir a las fuentes y escuchar sus voces singulares podéis encontrar sus vidas reales y los textos que nos dejaron en las antologías que os he citado antes…

Diwan de las poetisas de al- Andalus de Teresa Garulo que recoge la vida y los textos de 40 poetisas hispano-arábigas.

«Diwan de las poetisas de al- Andalus» de Teresa Garulo. Editorial Poesía Hyperión.

‘Egregias señoras, nobles y burguesas que escriben’ de Milagros Rivera, primer capítulo de “Por mi alma os digo” de la antología La vida escrita por las mujeres dirigida por Ana Caballé, que recoge la vida y obras de las escritoras cristianas medievales que os he citado antes.

«La vida escrita por las mujeres I. Por mi alma os digo. De la Edad Media a la Ilustración». Bajo la dirección de Anna Caballé. Círculo de lectores.

La mujer judía de Yolanda Moreno Koch, que su último capítulo se dedica a la mujer en la poesía hebrea medieval en Sefarad.

«La mujer Judía». Yolanda Moreno Koch (ed.). Ediciones El Almendro. Córdoba.

Créditos portada: Pintura al óleo de Celedonio Perellón reproducida en la cubierta de «Diosas del silencio» de Cristína Mª Menéndez Maldonado. Editorial Dairea.

Lectura recomendada: Días de amor y cosecha y El señor de la especias: «El señor de las especias» y «El águila y el guardián». Ángela Blenda. Narrativa ficción. Eirene Editorial.

Voces femeninas en la Edad Media – 3ª parte: Sefarad (María Consuelo Altable).

¿Y que pasa con sus coetáneas judías? ¿Hubo escritoras? ¿Nos han llegado sus textos? O ¿solo, silencio?

Gracias a Yolanda Moreno Koch, y su estudio de diversos aspectos en que la mujer era la protagonista de la vida y como la veían los hombres y la sociedad medieval en La mujer judía, encontramos que apenas llegan a 4 los poemas atribuidos a mujeres judías, y ni siquiera se tiene una certeza total que que fueran mujeres las que lo escribieran.

Yo personalmente quiero creer que fueron ellas, y que por la presión social y religiosa de la época en la que vivían no pudieron defender con libertad y autoridad su voz.

«Perlas para un collar. Judías, moras y cristianas en la España medieval.» Ángeles de Irisarri y Toni Martínez de Lezea. Santillana Ediciones Generales.

Aunque tanto en la poesía romance, árabe o judía se hable en muchos contextos de la mujer, no siempre ella toma la palabra. Así, en los poemas hebreos medievales, pocas veces es una mujer real la que habla, en general, son estereotipos o personificaciones de seres vivos o de elementos de la naturaleza, el alma o la propia patria Israel.

Aunque existen dudas sobre si es autor o autora, hay un poema escrito como dice el encabezamiento por “La mujer de Dunas ben Labrat”. Se duda ya que en la época había también la costumbre de atribuir un poema a la voz de una mujer. A mí me gustaría creer como algunos investigadores afirman que fue escrito por una mujer que lamenta despedirse de su esposo. Desconocemos el nombre de la mujer que lo escribió, solo que era la esposa de Dunas.

¿Recordará su amado a la cierva graciosa
el día de su partida, con su hijo único en brazos?
Puso él en su mano izquierda el anillo de su diestra,
en su brazo puso ella su ajorca;
al tomar ella su manto como recuerdo,
cogió él el suyo para no olvidarla.
No se quedaría él en Sefarad
aunque recibiera medio reino de su señor.

Qasmina ben Ismail es una poetisa judía a la que su padre enseñó el arte de la poesía árabe. Se sitúa en Granada entre los siglos XI y XIII. Y sus escasas obras han llegado a la actualidad escritas en árabe.

A Merecina, rabina de Girona que vivió antes de la expulsión de los judíos de 1492, se le atribuye un poema sinagogal, es decir, un poema litúrgico hebrero.

Y finalmente el último poema que pudo escribir una mujer judía medieval, fue tal vez obra de Tolosana de la Caballería, una gran figura del judaísmo de Zaragoza en la primera mitad del siglo XV. Es una elegía que condensa en 3 versos todo el dolor de una madre que pierde a un hijo. Se la cita en un glosario como que es la autora.

Créditos:
Imagen portada: Ilustración de Miríam y mujeres celebrando el milagro del Mar Rojo proveniente de la Hagadá Dorada, que se encuentra en el Museo Británico.

Lectura recomendada: Días de amor y cosecha. Narrativa ficción. Eirene Editorial.

Voces femeninas en la Edad Media – 2ª parte: Hispania (María Consuelo Altable).

En los Reinos cristianos en los siglos XIV y XV las niñas de la nobleza y la burguesía recibían una educación exquisita. Se las llamaba Puellae doctae. Siendo mayores transmitieron el amor por la cultura a sus hijos, encargaron obras literarias, celebraron tertulias culturales y se atrevieron a escribir.

Dirigida por Anna Caballé la Antología La vida escrita por las mujeres en su primer volumen “Por mi alma os digo”, el primer capítulo realizado por la investigadora Milagros Rivera titulado ‘Egregias señoras, nobles y burguesas que escriben’ recoge los textos de las primeras escritoras cristianas reconocidas como tales.

Entre ellas encontramos la figura de Leonor López de Córdoba que nació en Calatayud en 1362 y murió en Córdoba en 1430. Cuando tenía 40 años dictó a viva voz a un escribano sus Memorias. Si bien su infancia fue de una terrible dureza dado que pasó ocho años en la cárcel de Sevilla siendo una niña, eso también moldeó su carácter de forma tan excepcional que la llevó a ser valida de la reina Catalina de Lancaster durante 8 años, también. En sus Memorias, describe las terribles epidemias de peste de 1374 y 1400. Triste episodio, ya que recoge a un niño huérfano y le pide ayuda a su hijo para cuidarle y es su hijo el que fallece contagiado; y el asalto a la judería de Córdoba. Los últimos años de su vida los vivió en Córdoba, relacionándose con los poetas contemporáneos.

«Moras y cristianas. Venturas y desventuras de la mujer en un sorprendente fresco de la España medieval». Ángeles de Irisarri y Magdalena Lasala. Editorial Emecé.

Serena de Tous vivió en Barcelona, junto a la Iglesia de la Mercé. Aunque se desconocen las fechas de nacimiento y muerte, entre 1372 y 1376 escribió 18 cartas a su esposo Ramón de Tous con el que apenas vivió ya que este era administrador de María de Luna, futura reina de Aragón. En sus cartas en lengua catalana, Serena expresa sus deseos de amor, fidelidad, preocupaciones, nostalgia, y finalmente decepción y dolor.

De Teresa de Cartagena, considerada como la primera escritora mística de España, no está clara su fecha de nacimiento entre 1420 y 1435 en Burgos. Nieta de Selemoh-Ha Leví, o Pablo de Santa María conocido como El Burgense, poeta, erudito, rabino mayor de Burgos que se convirtió al cristianismo poco antes de los terribles asaltos a las juderías de 1391. Perteneciente a esta familia burguesa que posteriormente se ennobleció, Teresa se formó en su casa y en la Universidad de Salamanca. Sorda desde muy joven encontró en la escritura y la espiritualidad la forma de vivir su enfermedad como la oportunidad de descubrir el aspecto divino de su ser y sentirse libre y feliz. Llamó Arboleda de los enfermos a su confesión mística.

Isabel de Villena nace en 1430 y fallece en 1490. Estudió y empezó a escribir en la corte de su tía María de Castilla, reina de Aragón. Escribió para las monjas del Convento de la Trinidad de Valencia, del que fue abadesa, la Vida de Cristo en lengua catalano valenciana. La leyeron muchas mujeres, entre ellas la reina Isabel I de Castilla que solicitó su publicación. Las protagonistas de su libro son mujeres: María, la madre de Jesús y María Magdalena, inspirándose en los evangelios apócrifos y en las tradiciones de los evangelios gnósticos.

Florencia Pinar, poeta, trovadora y dama de la corte de Isabel I de Castilla. Fue muy famosa y apreciada en su tiempo. Fue la primera mujer en participar en justas poéticas. Se conservan siete escritos entre poemas y canciones, en los que con un lenguaje claro y directo habla del amor y del deseo. Se han conservado 7 poemas, entre ellos esta Canción:

Hago de lo flaco fuerte,
voy a lo más peligroso,
quiero volver a la muerte,
puedo huir y no oso.
La voluntad me condena
y en ello consiente amor,
donde por tener temor
hago del hilo cadena.
No contradice mi suerte,
voy a lo más peligroso,
quiero volver a la muerte,
puedo huir y no oso.

Hasta aquí lo que podemos decir que está en el canon literario. Escritoras reconocidas como tales en su época y de las que nos han llegado textos en su totalidad o parcialmente.

Créditos:
Portada entrada del blog: Mujer escribiendo. Giacomo Pacchiarotto

Lectura recomendada: Días de amor y cosecha y El señor de la especias: «El señor de las especias» y «El águila y el guardián». Ángela Blenda. Narrativa ficción. Eirene Editorial.

Voces femeninas en la Edad Media – 1º parte: Al-Ándalus (María Consuelo Altable).

Me gustaría llegar a vosotras y vosotros no como editora ni escritora, sino como lectora apasionada en un largo camino de sueños y vidas compartidas en las páginas de los libros que he leído, que leo y que leeré; un camino que me ha llevado a mi pasión y dedicación actual, a la escritura y la edición.

Quiero transmitiros esa pasión y ese amor por descubrir a estas mujeres medievales cuyas voces y silencios se empiezan a desvelar ahora.

Os cuento como fui encontrándome con ellas:

En los últimos años del siglo XX y comienzo de este siglo, algunas escritoras como Ángeles de Irisarri, Magdalena Lasala, Toti Martínez de Leza y también Cristina M. Menéndez, han recreado en novelas, la vida de las mujeres del medievo que llamaban a su hogar: Sefarad, Hispania o Al-Ándalus y que independientemente de su credo tenían parecidos miedos e ilusiones y se veían obligadas a enfrentarse a similares retos u obstáculos en su vida.

Estas autoras, historiadoras, profesoras de literatura o periodistas han recreado en sus novelas la vida de estas mujeres gracias a una labor apasionada de investigación que nos hacen sentirnos orgullosas de esas voces femeninas que nos precedieron.

Pero más allá de la ficción en la que como lectora empecé a encontrarme con estas mujeres, ha sido gracias a la labor de investigación de medievalistas por la que empecé a encontrar las voces reales de mujeres que compartieron la singularidad de escribir en la Edad Media.

En Al-Ándalus las mujeres nobles recibían instrucción en gramática y leían a autores árabes clásicos; Y aunque en general, las poetas respondían a este perfil noble, también hubo mujeres de condición más humilde e incluso, poetas esclavas. Teresa Garrulo localizó entre los siglos VIII y XIV cerca de 40 poetisas arábigo-españolas de las que en mayor o menor medida se conservan noticias y poemas. Gracias a que los cadíes musulmanes eran muy rigurosos en dejar por escrito todo lo que afectaba a la vida social y económica de la ciudad y eso incluía dejar registrado el nombre y actividad de las poetisas. Entre ellas:

Hassana At-Tamimiyya, nacida a mediados del siglo VIII es la más antigua de la que se tienen noticias. Estudió literatura y aprendió el arte de la poesía de su padre también poeta. En su época se la considero una poeta célebre por sus coetáneos.

Una de las más conocidas es la princesa Omeya Ual-lada. Nace en Córdoba, en el año 994 y muere en la misma ciudad en 1091. Hija de uno de los últimos califas cordobeses. Tras la muerte de su padre, vendió sus derechos reales lo que le supuso una independencia económica y social no exenta de críticas, reproches y riesgos. Creó un salón literario y escuela para jóvenes, en el que se daban cita los intelectuales y literatos contemporáneos. Se conoce su relación con el poeta Ibn Zaydún. Sus poemas describen su amor, deseo, celos, decepción y dolor. También dominaba la sátira. Se conservan de ella 9 poemas. Aunque el poema que más llama la atención es uno alusivo a su libertad e independencia, que lucía bordado sobre sobre el hombro derecho, siguiendo la moda imperante:

«Walläda la omeya. La vida apasionada y rebelde de la última princesa andalusí.» Magdalena Lasala. Ediciones Martínez Roca. Portada: «Mujeres de Argel en su habitación» (detalle).

Estoy hecha, por Dios, para la gloria,
y camino, orgullosa, por mi propio camino.
Y sobre el izquierdo:
Doy poder a mi amante sobre mi mejilla
y mis besos ofrezco a quien los desea.

Muhya (bint al-Tayyani) de la que apenas se tienen datos de su biografía, solo que hija de un vendedor de higos conoció a la princesa Ual-lada, quién la acogió en su casa. También poeta, sin embargo, dedicó duras y eróticas sátiras a su maestra.

Al-Abbadiya, esclava educada en Denia, fue regalada al rey de Sevilla Al Mutamid Abad (Principios del siglo XI) de lo que le viene su nombre. Su formación fue de carácter lexicográfico o filológico. Solo se conserva un verso suyo que improvisó para contestar al Rey de Sevilla, también poeta.

Hafsa (bint al-Ḥāŷŷ), granadina de origen bereber, conocida como la ‘Perla de Granada’, puede que naciera alrededor de 1135 y muriera en 1190 o 1191. La mayor parte de los poemas conservados están dedicados al poeta Abū Jafar condenado a muerte. Hafsa habla en sus versos de amor y duelo.

Pero son 30 y tantas mujeres más y yo os recomiendo que si queréis descubrirlas leáis la antología de Teresa Garulo: Diwan de las poetisas de al-Ándalus que recoge su vida y sus poemas.

Créditos imagen portada: Las poetas andalusíes Foto de la revista Legado andalusí. Foto compartida por exlibrix.com

Lectura recomendada: Días de amor y cosecha y El señor de la especias: «El señor de las especias» y «El águila y el guardián». Ángela Blenda. Narrativa ficción. Eirene Editorial.

Tras la presentación de «Cuadernos Italianos» en Círculo de Bellas Artes

El pasado 3 de diciembre volvimos al Círculo de Bellas Artes de la mano de María Jesús Leza, para presentar su nueva novela «Cuadernos italianos». Queremos agradecer a Juan Ángel Vela, periodista y crítico musical su participación en la presentación. En una entrevista precisa y entrañable guió a la autora para que esta desentrañase los entresijos literarios, artísticos, musicales e incluso gastronómicos de este libro. Cuadernos italianos es un viaje artístico y personal de la joven protagonista por Roma y Florencia, ilustrado con las pinturas y dibujos que realizó la autora durante su estancia en ambas ciudades en la década de los 70.

No se nos puede olvidar contaros que la presentación comenzó con la proyección de un pequeño vídeo en el que se recogen las ilustraciones de la novela acompañadas por la canción «Grande, grande, grande» interpretada por la magnifica Mina. Disfrutamos mucho con este vídeo que nos trasladó a la Italia de los años 70 en la que la protagonista de la novela respiraba arte y libertad.