Jane Goodall: la científica que nos convirtió en naturaleza (Jorge Díaz Leza).

El pasado octubre, falleció Jane Goodall a la edad de noventa y un años. Sin duda, una de las científicas más talentosas y una de las figuras más prominentes del mundo contemporáneo. Una mujer extraordinaria que a todo/a ecologista, ecofeminista o, simplemente, amante de la naturaleza y de los animales, no le debería resultar indiferente, ya que, si seguimos un poco de cerca su vida y su trabajo, comprobaremos que encarna nuestros valores más profundos y enraizados. Se merece, al menos que, en esta publicación le hagamos un pequeño y humilde homenaje.

Nació en Londres (1934). Sus padres fueron Mortimer Herbert Morris-Goodall, un hombre dedicado a los negocios, y Margaret Myfanwe Joseph, una novelista que escribía bajo el seudónimo Vanne Morris-Goodall. La anécdota más comentada de la infancia de Jane es la de su chimpancé de peluche, un regalo de su padre al que él mismo llamó Jubile, un muñeco por el que la niña Jane sentía un gran afecto y que fue, probablemente, el inicio de su amor e interés por los animales, especialmente por los chimpancés.

Según ella misma comentó en múltiples ocasiones: «Las amistades de mi madre se horrorizaban con este juguete, pensando que me asustaría y me causaría pesadillas». Sin embargo, hasta su muerte, el peluche permaneció en su casa del sur de Inglaterra.

Jane creció rodeada naturaleza, algo que desde muy pequeña le fascinó, del mismo modo que los animales. Años después, su interés por África terminó llevándola en 1957 a la granja de una amiga situada en las tierras altas de Kenia. Una vez allí, encontró trabajo como secretaria y, siguiendo la recomendación de su amiga, decidió ponerse en contacto telefónico con el paleontólogo y arqueólogo Louis Leakey para solicitar una entrevista en la que poder hablar sobre animales. Leakey estaba convencido de que el estudio de los grandes simios podía aportar claves fundamentales para comprender el comportamiento de los primeros homínidos. Buscaba a alguien que investigara a los chimpancés, pero no le reveló su propósito; en su lugar, ofreció a Goodall un puesto como su secretaria. Tras contar con la aprobación de su esposa, Mary Leakey, facilitó que Jane viajara a la Garganta de Olduvai, en la actual Tanzania.

Al año siguiente, en 1958, Goodall se trasladó a Londres para formarse en el estudio del comportamiento de los primates. Gracias a los fondos recaudados por Leakey, el 14 de julio de 1960 llegó a la Reserva de Caza de Gombe Stream, que más tarde se convertiría en parque nacional. Con ello se integró en el grupo de investigadoras impulsadas por Leakey que pasarían a ser conocidas como Las Trimates. Su madre la acompañó durante esta etapa inicial, ya que las autoridades coloniales exigían su presencia, en aquel momento, el territorio de Tanganica aún era un protectorado británico.

Tiempo después, tras sus impresionantes hallazgos, Goodall sería aceptada en la Universidad de Cambridge, donde cursó un doctorado en etología. Se convirtió así en la octava persona autorizada a realizar estudios de doctorado sin haber completado previamente una licenciatura universitaria.

Al no contar con una formación universitaria tradicional que condicionara su mirada, Goodall fue capaz de percibir aspectos del comportamiento animal que muchos científicos de su época habrían pasado por alto. En lugar de identificar a los chimpancés con números, les puso nombres y reconoció en cada uno rasgos de personalidad propios, una idea poco aceptada en el ámbito científico de entonces. A partir de sus observaciones, concluyó que no solo los seres humanos poseen individualidad, pensamiento racional y emociones como la alegría o la tristeza. También documentó comportamientos como abrazos, besos, palmadas en la espalda e incluso juegos similares a las cosquillas, gestos tradicionalmente considerados exclusivos de nuestra especie. Para Goodall, estas conductas reflejan la existencia de vínculos afectivos sólidos y relaciones de apoyo dentro de comunidades estables, capaces de mantenerse durante décadas. Todo ello apuntaba a que las semejanzas entre humanos y chimpancés no se limitan al ADN, sino que también se manifiestan en la vida emocional, social y familiar.

El trabajo de campo que desarrolló en Gombe Stream supuso un punto de inflexión para la primatología, ya que cuestionó dos ideas ampliamente aceptadas: que solo los humanos fabricaban y utilizaban herramientas y que los chimpancés seguían una dieta exclusivamente vegetariana. Goodall observó cómo algunos chimpancés introducían tallos de hierba en los termiteros para extraer insectos, repitiendo el gesto una y otra vez en una técnica sorprendentemente precisa. También comprobó que modificaban ramitas, eliminando hojas para hacerlas más eficaces, lo que demostraba una forma básica de manipulación intencionada de objetos.

Sin embargo, junto a estas conductas cooperativas y afectuosas, Goodall también documentó el lado más violento de los chimpancés. En Gombe fue testigo de cacerías organizadas de otros primates, como los monos colobos. Estas prácticas eran tan frecuentes que los chimpancés llegaban a acabar cada año con una parte significativa de la población de colobos del parque, un hallazgo que desafiaba profundamente la imagen previa de estos animales como pacíficos y herbívoros.

Aún más inquietantes resultaron las muestras de violencia dentro de los propios grupos de chimpancés: Goodall observó cómo algunas hembras dominantes atacaban y mataban a otras más jóvenes para conservar su posición jerárquica, llegando en ocasiones al canibalismo. La propia investigadora reconoció el impacto de este descubrimiento, al admitir que durante años había creído que los chimpancés eran, en general, más amables que los seres humanos, hasta que la evidencia reveló que también poseían un lado oscuro. Estos episodios culminaron en el conflicto conocido como la “Guerra de los chimpancés de Gombe”, que tuvo lugar entre 1974 y 1978 y que Goodall relató más tarde en sus memorias, comprobando como estos animales eran capaces de organizarse colectivamente para la actividad bélica. Sus observaciones transformaron de manera radical la comprensión científica del comportamiento chimpancé y pusieron de relieve profundas similitudes sociales con los humanos, aunque en su vertiente más sombría.

De este modo, las fascinantes aportaciones científicas que llevó a cabo a lo largo de su vida dieron al traste con muchas ideas universalmente aceptadas, por lo que Goodall llegó a ser mundialmente conocida. Pero no se trató, ni mucho menos, de una mujer de ciencia encerrada en su torre de marfil a la que solo interesa el conocimiento puro; muy al contrario, su compromiso por la paz, la conservación de la naturaleza, la biodiversidad, el bienestar animal y contra el cambio climático fue claro y patente concretándose en la realización de múltiples proyectos y en una activa participación en diversas organizaciones poniendo su prestigio científico al servicio de estas causas.

Gracias al trabajo de personas como ella, cuestiones como el animalismo y el rechazo a las macro granjas (no solo por el maltrato a los animales, sino también por sus consecuencias ambientales) están cada vez más enraizadas en nuestra sociedad, así como una conciencia cada vez más sólida sobre de las funestas consecuencias de crisis climática.

Jane nunca se sintió cohibida por el hecho de ser mujer, tal vez, en parte, por la suerte de haber tenido una madre escritora que desde muy pequeña le convenció de que, si se lo proponía, podría conseguir todo lo que quisiera. Y así, se abrió camino hasta alcanzar las cimas más altas en una profesión como la etología, en aquel momento copada por hombres. Seguramente tuvo que trabajar el doble o el triple para lograrlo, pero de lo que no hay ninguna duda es que fue un referente para muchas mujeres científicas y que abrió el camino para un sinnúmero de ellas. De hecho, hoy en día, esta disciplina científica es ejercida por una cantidad muy similar de mujeres y hombres.

Del mismo modo, Jane Goodall es un ejemplo claro de una persona que vivió de acuerdo con sus convicciones; de forma que acciones y pensamiento siempre fueron de la mano sin incurrir en contradicciones. Fue una convencida vegetariana y defendió este tipo de dieta por motivos éticos, ambientales y de salud. Según ella misma dijo:

«Miles de personas que dicen amar a los animales se sientan una o dos veces al día a disfrutar la carne de criaturas que han sido tratadas con muy poco respeto y gentileza solamente para crear más carne».

Mediante sus investigaciones sobre los chimpancés comprobó, con un asombro casi revolucionario, que no eran tan diferentes a los humanos, ya que se trataban de seres capaces de experimentar sentimientos y emociones, de poseer personalidad y comportamiento afectivo, de fabricar herramientas e incluso de cazar y hacer la guerra de forma organizada. Por lo que podemos concluir que no estamos tan apartados de la naturaleza ni somos tan ajenos a ella, pues, en definitiva, no somos tan diferentes de los animales.

Créditos:
Foto de portada: «Jane y Flint» de Hugo Van Lawick, National Geographic Society

Webgrafía:
Wikipedia
Revista Magis

Lecturas recomendadas: «Un mundo de cicatrices» y «Años 80». Ficción. Eirene Editorial.

Pegado a tus calles (Javier Escudero).

Hace ya treinta años fui inmigrante en mi propia ciudad. Nacido en Madrid, de padres españoles, un buen día, con mis más preciadas pertenencias en el maletero de un coche, crucé la frontera que forma el río Manzanares hacia ese rincón del mundo que se llama Carabanchel, y que mira altivamente al resto de la gran urbe.

Hijo de una sevillana criada al otro lado de un río que separaba la noble ciudad de sus arrabales, en los que habitaban marineros, estibadores y piratas, llamado Triana, no me sentí fuera de lugar en mis primeros días de exilio.

Nadie me preguntó dónde nací o de qué país o región del mundo procedía. Nadie lo hizo por el color de mi piel: ni los que la tenían blanca como la nieve, ni los que la tenían negra como la noche; tampoco lo hacían aquellos con los más diversos tonos anaranjados, oscuros o amarillentos; ni los que hablaban con acentos tan diferentes al mío o los que usaban palabras y lenguas extrañas para mí.

Hace poco leí una entrevista realizada a un músico tejano afincado en Carabanchel que llegó aquí huyendo de una mala vida de drogas, problemas y hastío de todo. Curiosamente, fue en este barrio en el que encontró la convivencia en un espacio multirracial y donde, además, descubrió que seguían existiendo tiendas antiguas especializadas en productos concretos como mercerías, zapaterías e incluso librerías, sin tener que desplazarte a un centro comercial para adquirirlos. Se me hace extraño pensar que alguien recién llegado valore y se sorprenda de esa amalgama vecinal cuando en mi caso, al poco de llegar, ya veía normal compartir barra y botellines con Rosendo Mercado, una de las más ilustres figuras rockeras de Madrid, en un bar de los de toda la vida frente al campo de fútbol de La Mina.

Y si algo me he preguntado durante estos treinta años es: ¿qué tiene este barrio que es capaz de atraparte y hacer que te sientas que eres parte de sus gentes? ¿Acaso algún recién llegado ha debido pedir permiso para patear sus calles o para respirar el mismo aire que los que ya estaban aquí? ¿Qué vieron en él aquellos miles de campesinos, trabajadores y buscadores de un futuro mejor que poblaron sus casas y edificios? ¿Qué hizo decantarse a la nobleza encabezada por Eugenia de Montijo o María Cristina para elegirlo como lugar de veraneo o descanso?

Ahora que en este pedazo de mundo disfrutamos de la marca artística Distrito 11, me vienen a la mente que, con anterioridad, estas calles han sido testigos de cientos de rodajes cinematográficos, desde El verdugo de Berlanga hasta El bola, y fuente de inspiración para centenares de obras literarias que, como Manolito gafotas de Elvira Lindo o La novia gitana de Carmen Mola, transcurren o se inician aquí, en este barrio en el que paseamos, vivimos o compramos el pan.

¿Qué suerte de misteriosa atracción actuó sobre ese derroche de feminidad y bravura, llamada Emilia Pardo Bazán, para hacer que su protagonista, la marquesa viuda Asís Taboada, cruzase al otro lado del río en su novela Insolación para dar rienda suelta al tapado y encubierto deseo femenino? ¿Acaso fue el acto de pisar la otra orilla del Manzanares, para acudir a la romería de San Isidro, hecho suficiente para desbordar la pasión femenina de una mujer? A veces, creo ver el alma de Carabanchel personificada en la propia Emilia, riéndose a carcajadas de la reacción encolerizada de los grandes literatos de su época tildando de inmoral su obra.

Quizá no haya una explicación racional. Quizá lo más normal podría ser pensar que en las entrañas de Carabanchel habita un potente imán capaz de atraerte y dejarte pegado a sus calles, sus olores, sus gentes y, como decían los barbudos de la fábrica de cerveza, a su sabor a barrio: a mucho, mucho barrio.

Créditos:
Imagen de la portada: «La ermita de San Isidro el día de la fiesta» Francisco de Goya

Lectura recomendada: Al otro lado del río. Antología de relatos coordinada por Jorge Ruiz Morales: «Redes de orgullo». Javier Escudero. Narrativa ficción. Eirene Editorial.
Otros libros: La fuerza del lebeche, La fuerza de la posidonia.

Fábulas y moralejas: Al caer la nieve (Ali DR).

Desde que la gente tiene memoria, han existido las fábulas, historias protagonizadas por animales parlantes con una enseñanza final.

Una fábula es un tipo de narrativa tan universal que se han encontrado ejemplos en todas las sociedades, desde los indios norteamericanos, pasando por la antigua Grecia hasta la China imperial.

Y Al caer la nieve entra dentro de esta categoría: una historia protagonizada por animales que, además, no tiene una, si no varias enseñanzas.

La fábula comienza con dos animales, un pájaro y un pez, que desean la libertad, ya que viven encerrados como mascotas en la casa de un leñador en medio del bosque. Un día ambos consiguen escapar y disfrutar juntos, aunque poco después, por varios conflictos, se separan. Sin embargo, relacionándose con otros personajes, ambos lucharán por reencontrarse.

La historia, claramente dirigida al público infantil, tiene enseñanzas como la búsqueda de la libertad para el propio desarrollo y el descubrimiento personal; la amistad entre grupos de pares o diferentes y su influencia para bien y para mal; aprender de los errores, y descubrir lo que realmente importa. Además, los sucesos a lo largo del tiempo se pueden interpretar como el paso de la niñez a la vida adulta, en cuanto los personajes maduran gracias a sus vivencias.

Al caer la nieve es una historia para todos los públicos, en la que estoy segura que todo lector o lectora que la disfrute se verá reflejado en algún momento u otro, al tratar estos temas que siempre serán importantes para la humanidad.

Lectura recomendada: «Al caer la nieve». Infantil y juvenil. Eirene Editorial.

La huella de la tinta: el latido de papel en el corazón del barrio (Raquel Corrionero Rivas).

Cuentan que las bibliotecas no se miden por los metros cuadrados de sus estanterías, sino por el eco de las voces que las habitan. Hace veinte años, en el centro de nuestro barrio la biblioteca La Chata abrió sus puertas a sus vecinos. Nacida de la transformación de un mercado de abastos, es hoy un organismo vivo lleno de ilusión. Y si hoy vibra, no es solo por la cantidad de lomos alineados en sus estantes, sino porque cada uno de vosotros —lectores, vecinos, curiosos— dejáis vuestra huella cuando participáis en sus actividades.

Tu biblioteca, nuestra biblioteca, lleva por nombre «La Chata», en honor a Isabel de Borbón. No es un nombre elegido al azar. «La Chata» fue una mujer que rompió el molde de su época: una infanta que prefería el contacto con la gente, una apasionada de la música y, por encima de todo, una lectora incansable que entendía que la cultura era el único puente real entre las personas. Su legado de amor por las artes es el cimiento sobre el que se levantan nuestras estanterías.

Cada vecino que cruza nuestro umbral hoy escribe un nuevo capítulo en la historia del barrio. La biblioteca no es solo un edificio; es nuestra memoria local en papel. Es el lugar donde los niños que hace dos décadas venían a por su primer cuento, hoy traen a sus propios hijos, pasando el testigo de la curiosidad.

Para honrar esta trayectoria y la importancia de quienes construyen la historia con sus actos, este mes quiero invitaros a leer biografías.

¿Por qué leer sobre otros? Porque en las vidas de las personas del pasado y en los testimonios de nuestro presente reside el mapa de quiénes somos. Leer una biografía es recibir un legado directo; es comprender que nuestras luchas y sueños ya fueron habitados por otros, y que nosotros somos los herederos de su esfuerzo.

Venid a la biblioteca, acercaros a las librerías, descubrir los catálogos de las editoriales. Buscad la vida de alguien que os inspire. Al fin y al cabo, la historia de «La Chata» —la de la infanta y la de nuestra biblioteca— demuestra que la huella de una sola persona, cuando se entrega a la cultura, puede alimentar a todo un barrio durante décadas.

Foto de la cubierta: vista trasera, desde el río Darro, de la casa donde vivió Juan Latino con su familia (Granada).

Si de vidas ejemplares hablamos, de esas que parecen talladas en el pedernal de la voluntad, no podemos olvidar la peripecia vital de Juan Latino. Un niño que llegó encadenado desde las costas de África para servir en la casa del Duque de Sessa, acabó por demostrar que el entendimiento no entiende de linajes ni de colores de piel. Juan Latino no solo conquistó su libertad, sino que, armado con el latín de los clásicos y una inteligencia que deslumbraba a la misma Granada del siglo XVI, se convirtió en el primer catedrático negro de la Universidad. Su biografía es un recordatorio de que el libro es, a menudo, la única herramienta capaz de convertir a un esclavo en un maestro, y de que la cultura, cuando se arraiga en un espíritu indomable, es la mayor fuerza de emancipación que conocen las personas.

Créditos:
Raquel Corrionero Rivas, directora de la biblioteca municipal de La Chata.
Imagen de la portada: Foto de la biblioteca municipal La Chata de Carabanchel.

Lecturas recomendadas: Juan Latino: el esclavo catedrático. Eduardo Soler Fiérrez. Narrativa no ficción. Eirene Editorial.

100 años del nacimiento de Carmen Martín Gaite (Victoria Alonso).

Llegado el mes de enero y con las preocupaciones y desvaríos que nos ha traído este nuevo año, creo que es momento de hacer balance y valorar el año anterior. Comienza el 2026 con noticias alarmantes alrededor del mundo, aunque todavía nos queda el regusto de algunos acontecimientos interesantes a nivel cultural que se celebraron en el 25. No podemos olvidarnos de los eventos y celebraciones que nos han hecho disfrutar; recordar a las y los protagonistas culturales de nuestro entorno es un regocijo y un homenaje personal imprescindibles.

Sin duda uno de las efemérides más importantes de este año ya antiguo y terminado, visto desde el mundo de la literatura, es la celebración del centenario de varios escritores nacidos en 1925, aquellos «niños asombrados»¹ que forman parte de la llamada generación del 50 y quiero escribir este texto como un humilde homenaje a la escritora que les dio luz, profundidad y originalidad a todos ellos: Carmen Martín Gaite, Carmiña.

El año 2025 marcó el centenario del nacimiento de Carmen Martín Gaite (Salamanca, 1925 – Madrid, 2000), una de las figuras más relevantes de la narrativa española de la segunda mitad del siglo XX. Novelista, cuentista, poeta, ensayista, traductora y pensadora; se consagra, de entre todos los miembros de su generación como una intelectual total, ocupando su obra un lugar central en la llamada Generación del 50 y siendo la piedra de toque indispensable para la evolución de la literatura española actual.

Con motivo de esta efeméride, diversas instituciones culturales, académicas y artísticas organizaron homenajes a lo largo de todo el territorio español con el objetivo de reivindicar su legado intelectual y creativo.

Los centenarios literarios constituyen una herramienta fundamental para la relectura crítica de los autores consagrados y para la actualización de su recepción entre los nuevos lectores. En este último aspecto es en el que se echan de menos actividades y eventos para los lectores de colegios e institutos en los que fomentar desde la base de las lecturas, la obra de Carmen y darle una dimensión diferente y además, muy merecida. En el caso de Carmen Martín Gaite, el centenario de su nacimiento coincidió con un renovado interés académico por cuestiones centrales de su obra, como la construcción de la identidad femenina, la memoria, la oralidad y el diálogo como forma de conocimiento.

Las conmemoraciones de 2025 no solo buscaron celebrar a la escritora, sino también consolidar su presencia en el repertorio literario español e internacional mediante exposiciones, representaciones teatrales, conciertos, publicaciones y actos simbólicos de carácter institucional.

Uno de los ejes fundamentales del centenario fue el respaldo institucional. El Ministerio de Cultura impulsó un programa conmemorativo de alcance nacional, coordinando actividades en colaboración con bibliotecas, universidades y organismos culturales.

Entre los actos más significativos destacó la emisión de un sello conmemorativo por parte de Correos, incorporando a Carmen Martín Gaite en la memoria colectiva del Estado. Asimismo, el Instituto Cervantes depositó un legado in memoriam en la Caja de las Letras, compuesto por manuscritos, cartas y objetos personales, garantizando así la preservación material de su memoria.

La Biblioteca Nacional de España inauguró una exposición monográfica dedicada a su vida y obra, que reúne documentos inéditos y primeras ediciones, fotografías, collages… prolongada hasta junio de 2026 y comisariada por José Teruel² debido a su relevancia cultural y académica; es decir, la única actividad conmemorativa que todavía sigue viva en el inicio del 2026.

El ámbito literario y universitario desempeñó un papel central en las celebraciones del centenario. Salamanca, ciudad natal de la autora, se convirtió en uno de los principales focos conmemorativos mediante ciclos de conferencias, lecturas públicas y encuentros literarios organizados por el ayuntamiento y la universidad de la ciudad castellana.

Especial relevancia tuvo el XXVIII Encuentro de Poetas Iberoamericanos, que incluyó un homenaje específico a la dimensión poética de Martín Gaite, menos conocida que su narrativa, pero fundamental para comprender su universo creativo.

En el plano editorial, la concesión del Premio Comillas 2025³ a una biografía dedicada a Carmen Martín Gaite supuso un reconocimiento crítico de primer orden, consolidando su figura como objeto de estudio historiográfico y literario. Esta biografía de José Teruel, ha supuesto un punto de inflexión en lo relativo a su vida y su obra, ya que se le considera un verdadero experto en la figura de la autora.

Las artes escénicas también contribuyeron de forma significativa a la celebración del centenario. Diversos teatros incorporaron adaptaciones de obras como Caperucita en Manhattan y El cuarto de atrás en sus programaciones, acercando su narrativa a nuevos públicos, aunque considero escasas el número de representaciones en la capital y su gira posterior.

En el ámbito musical, el concierto homenaje celebrado en el Teatro Monumental de Madrid, a cargo de Amancio Prada (con quien Carmen ya había cantado y recitado su obra), titulado «Calila4, caravel de caraveles» y el Coro RTVE, en el que se puso de relieve la dimensión cultural y emocional de su legado, vinculando literatura y música como formas complementarias de expresión artística.

El conjunto de homenajes realizados en 2025 evidencia la vigencia de Carmen Martín Gaite como autora clave de la literatura española contemporánea. La diversidad de formatos —institucionales, académicos, artísticos y editoriales— permitió una aproximación plural a su obra y favoreció su difusión intergeneracional.

Estas conmemoraciones no solo funcionaron como actos de recuerdo, sino también como espacios de reinterpretación crítica, contribuyendo a mantener vivo el diálogo que la propia autora consideraba esencial para la literatura y mostrando su concepto de «interlocutor».

El centenario del nacimiento de Carmen Martín Gaite en 2025 ha supuesto una oportunidad excepcional para reafirmar su importancia dentro del mundo literario español. Los homenajes realizados por las instituciones y los teatros reflejan un esfuerzo colectivo por preservar y actualizar su legado, situándolo en el centro del debate cultural contemporáneo, aunque, insisto, escaso. La obra de esta gran autora debe consolidarse como un referente imprescindible para comprender la literatura, la cultura y el pensamiento crítico en la España del siglo XX y XXI.

En mi opinión han faltado los homenajes, lecturas y programas oficiales en los colegios y los institutos para leer o releer a esta gran escritora. Escribirle cartas, hacerle dibujos o ilustraciones de sus cuentos y/o poemas, lecturas dramatizadas de textos o poemas y, por supuesto, darle un gran protagonismo a su Caperucita en Manhattan, haciendo que los niños y los adolescentes puedan acercarse con esta obra a la gran escritora como una manera necesaria de sembrar el legado de su literatura y compartir así el regocijo de su gran imaginación. Es de recibo que una obra como la de Carmen tenga una repercusión mucho más extensa e importante en todos los ámbitos de la cultura y de la sociedad general, debido a la relevancia y la extensión de la obra de la autora.

Notas:

¹ Ana María Matute llamó «niños asombrados» a sus coetáneos; la denominada «Generación del 50», marcada indeleblemente por la Guerra Civil Española.

² José Teruel Benavente, es a día de hoy el mayor estudioso y experto conocedor de la vida y la obra de Carmen Martín Gaite.

³ José Teruel Benavente, ganador del Premio Comillas 2025 por «Carmen Martín Gaite, una biografía». Tusquets, Barcelona. Marzo 2025.

4 Calila es el nombre con el que llamaba su hija Marta a Carmen Martín Gaite.

Créditos:
Imagen de portada: sello conmemorativo del centenario del nacimiento de Carmen Martín Gaite.

Lectura recomendada: Al otro lado del río. Antología de relatos coordinada por Jorge Ruiz Morales: «Zapatos de tacón roto». Victoria Alonso. Narrativa ficción. Eirene Editorial.
Otros libros: Relatos indisciplinados.

Querida lectora, querido lector (Teresa Olalla).

Querida lectora, querido lector:

¿Cuánto hace que no sientes la ilusión de abrir el buzón y encontrar esa carta que llevas esperando días, semanas, puede que meses?

La inmediatez de la mensajería instantánea ha asesinado, no solo esa ilusión, sino el tiempo de espera, la pausa de sentarnos a dedicarle a otra persona nuestro tiempo para contarle nuestra vida, nuestra historia; ha asesinado tocar la hoja escrita por otra persona que se desvela en unas cuantas líneas. Ha asesinado el romanticismo de la comunicación profunda y verdadera, aquella que se lleva a cabo pensando y repensado qué vas a contar; ha asesinado el acto íntimo de narrarnos.

Las cartas tenían eso, que contaban historias, algunas tan literarias que se han publicado, como por ejemplo La voz del padre, la voz de la madre de Lucía Bonet Guillot (2020), en el que se recoge, entre otras cosas, las notitas que sus abuelos se entregaban a escondidas cuando su abuelo estaba preso durante el franquismo.

Las cartas son testimonio en presente de la Historia y por eso las editoriales han publicado la correspondencia de personalidades, pero como soy escritora me voy a centrar en mencionar las de escritores, escritoras, editores, (nótese que no especifico editoras).

Elijo unas cuantas a modo de ejemplo por mi propio gusto: Joseph Roth & Stefan Zweig: Ser amigo mío es funesto (Correspondencia 1927-1938), una auténtica fantasía de título, por otro lado; Hermann Hesse & Thomas Mann: CorrespondenciaVictoria Ocampo & Virginia Woolf: Correspondencia, (véase que hay títulos poco originales); Anaïs Nin: Una pasión literaria: Correspondencia.  Si tienes gusto por el salseo, no me digás que no mueres por leer las cartas que se enviaban don Benito Pérez Galdós y doña Emilia Pardo Bazán.

Querida lectora, querido lector, me quiero parar un momento en Miguel Delibes & Josep Vergés: Correspondencia 1948-1986, aquí la diferencia es que se trata de la comunicación entre el autor y su editor¿Por qué me detengo en ello? Cuando se celebró el centenario del nacimiento de mi amado Delibes, fui a la exposición que se celebraba en la Biblioteca Nacional. Fue un momento hermoso, paralizante y motivante al mismo tiempo ver sus manuscritos y ver, sí, sus cartas, incluso la que envió al jurado del Premio Nadal para aclarar que si su obra llegaba tarde era responsabilidad del servicio de Correos.

Según salí envié un mensaje a mi mejor amigo y le escribí una carta: «Cuando seamos escritores muertos y famosos no podrán exponer nuestras cartas porque solo enviamos wasaps». Me respondió con un mensaje.

Mi amigo y yo no llegaremos a ser escritores famosos (muertos sí por razones obvias), pero tampoco nadie leerá la cantidad de información interesante, anécdotas, risas y llantos que él y yo compartimos, os aseguro que en sus mensajes hay mucha literatura: compartimos ideas, nos ayudamos cuando estamos atascados y en cada uno de nuestros mensajes se siente la amistad que nos une. No habrá un libro titulado: Álex Casas Segú y Teresa Olalla: Correspondencia. O Una vez tuve un amigo escritor y estas son nuestras cartas. Ambas opciones publicadas por Eirene Editorial.

Hay tanta magia en la correspondencia que tiene su propio género literario: el género epistolar. La complejidad y riqueza que tiene este género es que solo contamos con las cartas de una de las personas implicadas, con lo que la escritora o el escritor debe tener la habilidad de contar en una de sus cartas la información que ha recibido del otro participante sin que se note que está repitiendo lo que ha leído. Un lío, ¿verdad? Lo hermoso es cuando lo lees y no te das cuenta.

Puesto que soy yo quien te escribe esta carta, me voy a permitir dos lujos: uno, el de mencionar a mi autor y autora favorita; dos, mencionarme a mí misma.

Dos grandes ejemplos de este género son Miguel Delibes con la novela Cartas de un sexagenario voluptuoso y Lucia Berlin en el relato Querida Laura. En ambos casos, además, hacen una radiografía de la sociedad en la que estaban inmersos.

En cuanto a mí, y pecando de ser soberbia, en la antología de relatos Al otro lado del río (2025) podéis encontrar Tustin, Orange, relato en el que me propuse hacer un ejercicio narrativo en el que una adolescente le cuanta a una amiga a través de cartas cómo está viviendo su viaje a Estados Unidos para aprender inglés; en esas cartas se debe sentir su transformación. Confieso que me inspiré en Lucia Berlín porque la adoro, (estas son las cosas que una puede hacer al escribir una carta: confesar faltas y pecadillos).

Romántica, lo que se dice romántica, no soy. Pero melancólica… Lectora o lector, ¿de verdad no echas de menos escribir y recibir cartas? Yo sí, lo he intentado con escaso éxito, vamos, que ha sido un fracaso, pero no pierdo la esperanza.

Por eso, con esta carta quiero lanzar una propuesta: ¡volvamos a escribirnos!

¿Qué te parece si escribes una carta a la dirección postal de Eirene Editorial?

Prometo responder y, quién sabe, tal vez algún año se publique Ese maravilloso experimento qué es narrarnos la vida (VV.AA., Eirene editorial).

Créditos:
Imagen de portada: buzón de correos en la calle Alcalá. www.correos.es

Lectura recomendada: «Tustin, Orange», Al otro lado del río. Teresa Olalla Tomey. Narrativa ficción. Eirene Editorial.
Otros libros: Obsesión y Lo peor que le puede pasar.

«Aldonza Lorenzo-Dulcinea del Toboso» por María Ana Sanz Huarte (Amelia Guibert Navaz).

Son muchas las obras y escritos que María Ana Sanz Huarte (1868-1936) realizó en defensa de la mujer. Siempre se rebeló contra la situación de sumisión y falta de reconocimiento de sus derechos incluidos hasta en el código legal.

No por ello dejo de reconocer la acción de muchos hombres por valorar, en su justa medida, a la mujer.

Y voy a centrarme en esa frase «… mucho debe la mujer a Cervantes».

Efectivamente por ello Cervantes tendrá un gran protagonismo en sus conferencias tanto en fiestas del libro, como en celebraciones en las escuelas de Magisterio y en otros centros. Importante será la conferencia impartida en la Fiesta del Libro de la Escuela de Magisterio de 1932 sobre las Novelas Ejemplares, donde destaca los perfiles de mujeres como: «La Española Inglesa», «La Ilustre Fregona» y «La Gitanilla».

Quizá su conferencia: «Siluetas femeninas en el Quijote», sea, por la variedad de perfiles femeninos, la valoración de diversas actitudes de la mujer, matizando con decoro hasta la maldad de la duquesa, sea su escrito más relevante.

Lo pronunció en las Escuelas de San Francisco clausurando un homenaje a Cervantes en su centenario y la volverá a pronunciar en el Ateneo de Navarra en 1934.

Archivo fotográfico familiar María Ana Sanz Huarte.

En estas conferencias con títulos parecidos señala distintos perfiles de mujeres. Y como final incluye el de Aldonza Lorenzo-Dulcinea del Toboso:

«El nombre es aquí toda una revelación. Aldonza Lorenzo, suena en los oídos como algo rajante, duro, fuerte, Dulcinea… Dulcinea del Toboso, nombre ‘músico, peregrino y significativo’ es como pulsación de arpa eólica, como aura suave de perfumado abril.

Es Aldonza la hembra garrida, membruda, y fuerte, de ancha cadera y acentuadas curvas, nuncio de ubérrima fecundidad; la morena varonil que comparte infatigable con el gañán y la moza la dura labor campesina; la Venus lugareña que desenvuelta y a la vez recatada, admite entre alegres carcajadas, los requiebros, y rechaza con energía con empellones cualquier desmán del mocerío que la desea.

No busquéis en su alma inquietudes ni en su cerebro espinas. Su vida se deslizará plácida, sin añoranzas ni deseos.

El amor no alterará jamás la regularidad de su pulso. Casará cuando la familia lo disponga, con el mozo que aporte más pies de viña o más robadas de tierra de pan llevar. Se reproducirá la raza trabajadora y fuerte de los Corchuelos, y al llegar el último día, sin ansias ni lucha interna, se entregará cristianamente a la muerte, con la impasible tranquilidad con que en su vida se entregó al trabajo.

De esta figura maciza y áspera, como bloque sin pulir, surge en la fantasía de Don Quijote la más espiritual encarnación, así como de la informe pira de toscos leños, emerge la llama ondulante y graciosa, que ilumina el espacio, purifica cuanto alcanza y asciende sutil al cielo.

Dulcinea, la de los rasgados ojos verde-esmeralda; le da sobrehumana hermosura, en quien se realizan los quiméricos atributos de belleza, que los poetas dan a sus damas. Milagro de amor, acabado modelo de perfección a quien rinde Don Quijote, honor y vida.

A ella se encomienda fervoroso desde la primera aventura que se ofrece a su arrojo temerario al velar sus armas el novel caballero, hasta el instante supremo, tristísimo en que vencido por el arrojo de la Blanca Luna con voz débil y congojosa, pero con entera voluntad, proclama a Dulcinea por la más hermosa mujer del mundo.

Las invocaciones más tiernas y regaladas, las más férvidas y arrogantes, las más dolientes y quejumbrosas, repite el eco por Dulcinea en la árida llanura de la Mancha, en las selvas y florestas de Sierra Morena, en el Palacio ducal y en la playa de Barcelona

Por ella acomete el Hidalgo las más increíbles hazañas, arrostra mil veces la muerte, desprecia las comodidades, sosiega sus arrebatos, busca gloria y prez.

Ella pelea en mí y vence en mí, y yo vivo y respiro en ella y en ella tengo vida y ser. Puede darse expresión más encendida, más apasionada, más sobrehumana de amor terrenal?

Y, no obstante, Don Quijote sabe que su amor no tiene sustantividad, que es una quimera, una ficción, sustentada en base de arcilla en la que a veces llega a creer.

El donoso cuento de fina gracia picaresca, que refiere Don Quijote de la viuda, hermosa y rica que se casa con el motilón, descubre bien a las claras su íntimo pensamiento, y en otra ocasión apremiado por la Duquesa responde evasivamente:

‘Dios sabe si hay Dulcinea o no en el mundo’.

¿Más que necesidad hay de que exista, para que su nombre, inflamando el vehemente corazón del Caballero, haya escalado la inmortalidad?

La grandeza de Dulcinea es hechura y reflejo de la de su rendido creador. En ella adora Don Quijote su propia excelsitud, porque privilegio del genio es sublimar cuanto pasa a través de su alma.

De oro purísimo y primorosa labor de orfebre cubrió Don Quijote la tosca figura de Aldonza, transformándola en la sutil de Dulcinea.

Y he aquí nuevamente reproducida con la magia del genio, el eterno contraste de lo positivo y lo ideal, de la prosa y de la poesía, de la aspiración que vuela y la realidad que repta.

Aldonza, la que ahecha trigo; la que en faena suda, se broncea y tuesta al aire y al sol, la que rastrilla lino y carga costales, la que tira de la barra y habla a gritos por las bordas del corral; la que trasiega y suda la que ajetrea y trabaja…

Dulcinea, la que inserta perlas y borda para su amado empresas de oro y pedrería; la que trasciende a oriental perfume, la que habita suntuoso palacio, la que sueña tras el calado ajimez, la exquisita, la noble la bella…

¿Pero es que Dulcineas y Aldonzas han de ir en contrapuestas rutas sin encontrarse jamás?

Es acaso incompatible el brío y robustez de Aldonza, su útil laboriosidad, su sencillez sin artificio, su buen sentido práctico, con la exquisita distinción, seductora gracia y alta jerarquía psíquica de Dulcinea?.

Si no existiese este acabado tipo de mujer que encasta las dos estirpes, hay que crearlo, porque la complejidad del vivir moderno, y la participación de la mujer en todos los sectores de la actividad humana le están demandando el regio empuje de Aldonza Lorenzo, con la fina espiritualidad de Dulcinea del Toboso.

Señores, al remover de la estantería la obra cumbre de Cervantes, un poco arrinconada tras la profusa producción de la literatura contemporánea, salieron a luz (curiosas por asomarse a nuestro mundo), las deliciosas mujeres que creó su fantasía.

Devolvámoslas con veneración al lugar que las inmortalizó y del que acaso no debieran haber salido, pidiendo perdón al ‘Manco’ insigne por mi osadía, y, a ustedes señores, por haber abusado de su benévola atención.»

Créditos:
Imagen de la portada: Dulcinea (1957) en el Monumento a Cervantes, escultura de Coullaut-Valera en la plaza de España de Madrid. Fotografía de Luis García.

Lecturas recomendadas: María Ana Sanz Huarte (1868-1936). En primer término, mujer. Amelia Guibert Navaz. Narrativa no ficción. Eirene Editorial.

Cuando Eva se convirtió en Cecilia (Valentín Martín).

Sobre los rescoldos de Mayo del 68 y la Guerra de los Seis Días en la que Israel arrasó a Egipto, se levantó la decisión de una muchacha trotamundos. Quería dejar de seguir a su padre de embajada en embajada,  parar y quedarse en España para desde aquí empezar una carrera en la música. Su formación era anglosajona por sus vivencias en Estados Unidos y el Reino Unido. Por eso cantaba en inglés y tenía una tendencia a la libertad que aquí no existía. Pero antes de que el país cambiase, quien cambió fue ella. Primero, el nombre de Eva que ya estaba registrado. Eligió Cecilia llevada del entusiasmo por la canción de Simon and Garfunkel. Luego, al conocer la seducción de nuestra música popular, abandonó el inglés y se instaló en nuestro idioma. A partir de ahí, todas sus canciones eran sus propios poemas. Enseguida topó con la censura y se vio obligada a buscarle las vueltas a sus letras para que fueran aceptadas. Hay un cierto sarcasmo en esta tarea: muchas soluciones las encontró en un sótano de un café situado en la calle a espaldas del despacho de Fraga, el «Gran Censor». Ella perteneció a una generación de cantautores que lucharon en varios frentes. Hay una cierta semejanza en los orígenes musicales con Luis Pastor. El cantautor de Berzocana aprendió en su adolescencia con los curas obreros de Vallecas. Cecilia le debe sus orígenes a una monja norteamericana. Y a partir de ahí, los caminos se separan. El extremeño se entregó a la canción social. La joven nacida en El Pardo, buscó sus creaciones dentro de sí misma. Estremece pensar que Cecilia no cumplirá este año los 77 que le tocaban. Cuando se mató en la carretera, entrando en el «Club de los 27», había encontrado ya la plenitud personal, artística, y sentimental. Su música sigue viva.

Aquí os dejamos el vídeo y la letra de la interpretación de «Mi querida España» sin censura en el festival de Mallorca de 1975 (canal Cecilianet).

Mi querida España.
Esta España viva,
esta España muerta.

De tu santa siesta
ahora te despiertan
versos de poeta.

¿Dónde están tus ojos?
¿Dónde están tus manos ?
¿Dónde tu cabeza?

Mi querida España.
Esta España mía,
esta España nuestra.

Mi querida España.
Esta España nueva,
esta España vieja.

De las alas quietas,
de las vendas negras
sobre carne abierta.

¿Quién pasó tu hambre?
¿Quién bebió tu sangre
cuando estabas seca?

Mi querida España.
Esta España mía,
esta España nuestra.

Mi querida España.
Esta España en dudas,
esta España cierta.

Pueblo de palabras
y de piel amarga,
dulce tu promesa.

Quiero ser tu tierra,
quiero ser tu hierba
cuando yo me muera.

Mi querida España.
Esta España mía,
esta España nuestra.

Mi querida España.
Esta España mía,
esta España nuestra.

Créditos:
Imagen de portada: portada primer disco publicado por Cecilia en estudios Audiofilm en 1972.

Lectura recomendada: Cuando canta la poesía. Rafa Mora y Moncho Otero. Valentín Martín. Narrativa no ficción. Eirene Editorial.

Realismo mágico: el puente entre lo visible y lo invisible. 2ª parte (Cristina Mª Ménendez Maldonado).

El realismo mágico o neorrealismo mágico como lo llaman en mis novelas, especialmente en Palabras de lluvia y El vendedor de abanicos, propone una manera de habitar la realidad poéticamente, reconociendo que existe un sentido invisible. De ese modo, la magia revela la realidad, algo que también percibo en otras artes como la pintura, el cine, la música, que me atraviesan literalmente, y me colocan en ese mundo intermedio en el que lo mágico es simbólico y real a la vez. Como dice el director de cine, Victor Erice, lo mágico nace de la mirada y habita lo invisible.

Escribo desde la convicción de que la realidad no se agota en lo visible. El realismo mágico, tal como lo practico, no huye del mundo: lo escucha con más atención, lo viste de poesía y lo abre a esa dimensión invisible. La magia acompaña y se respira, no se razona.

Así quise expresarlo en la cita que escribí para mi novela Palabras de lluvia:

Hay palabras que llegan despacio, gota a gota, en un asedio constante al corazón. Nunca fueron intrépidas, ni valientes. Palabras sencillas, cotidianas. Palabras de lluvia.

Cristina M.ª Menéndez Maldonado leyendo «Palabras de lluvia». Foto Gerson A. de Sousa.

En ella no quise demostrar, sino revelar; no definir, sino hacer sentir. Se percibe lo invisible a través de la lluvia, de las palabras en quechua, de las voces heredadas de ancestras, de la selva y sus misterios. Y todo se confabula para mostrar un mundo que habla en susurros, señales, atmósferas, amores cotidianos, y las palabras como lluvia que cae sobre los lectores, y crea una música especial, esa que late entre mundos… Y la lluvia, no paraba de hablar.

«… Las noches asturianas habían conseguido año tras año serenarla, y era precisamente en ese lugar, en un punto elevado de aquel valle, donde había recobrado sus lazos con la tierra y el cielo, donde volvió a reconocer los caminos. La Pachamama no era distinta de la que conocía, tampoco el río, aunque jamás viera delfines en Aller. El espíritu de todas las cosas permanecía intacto en aquellas montañas y sentía vivo el Kausay*, la energía vital, sagrada, que anima la naturaleza y que tantas veces mencionó la abuela. El cielo y la tierra, la lluvia, las estrellas, los animales y las plantas, todo tiene su aliento, todo es sagrado. En todos esos años había aprendido a respetar el pulso de la vida, sus procesos y cambios, pero nunca como en aquel momento había sentido una conexión igual. Cada minuto de su día a día le recordaba, en la sencillez de los quehaceres cotidianos, que todo, hasta lo más simple, es venerable…» (Fragmento de Palabras de Lluvia).

El vendedor de abanicos contiene a su vez historias que el batir del abanico despierta, como las trenzas cobrizas cual senderos recónditos e interminables, o los impacientes zapatos viejos que revelan las historias de los que fueron sus dueños, o las sirenas que inventaron el secreto lenguaje de los abanicos:

«… A veces esparcen sombras, murmullos, maldiciones. Otras alientos, despedidas, deseos. Así son los vientos, inconstantes, tornadizos. Ignoran que sus soplos dejan restos imborrables en las almas…

… Cuando todos duermen, no hay palabras, ni gestos, tampoco desaires o amoríos… Es el tiempo de los abanicos…
Los hay que planean bajo, en círculos, pues el peso de sus adornos y encajes no les permite elevarse ni tan siquiera a media altura. Disfrutan contemplando el reflejo de sus sombras, y acarician la tierra con su belleza. Incluso en sueños se saben pesados; presos de miriñaques y varillas. Renunciaron a la libertad, y viven un amor entre cadenas y desiertos.
Los más flexibles consiguen remontarse un poco más alto. Su alma es liviana y a menudo descienden para enredarse en oleajes y arena. Solo a veces alcanzan ese lugar intermedio, soñado, en el que se besan los mundos. En ese instante efímero entre el cielo y la tierra, son dichosos.
Los más ligeros consiguen tocar las estrellas. Su alma quedó prendida al otro lado del espejo, y ya jamás pisarán el suelo. Viajan en la eternidad de los vientos, y se alimentan de silencio, en un retorno infinito hacia sí mismos, que deja rastros de sombras, luces, a ratos desvelos.
Algunos jamás volaron, aunque conocen la tierra, el cielo, los astros, el silencio… Guiados por su propio latido se abandonan, dentro y fuera de sí mismos… Solo ellos conocen el nido donde se gestan los sueños». (Fragmento de El vendedor de abanicos).

La lluvia y el viento están presentes en ambas novelas, como elementos naturales que son atmósfera y recurso creativo, realismo mágico en sí mismos.

Solo diré en mi defensa que escribo así porque no sé mirar de otra manera. Porque hay realidades que solo se revelan cuando se extrae de ellas, cuidadosamente, esa esencia que es como una gota alquímica y que contiene todo un mundo; cuando se las deja ser lluvia, viento o susurro. Mis historias no buscan explicar lo mágico, sino habitarlo, respirarlo. Y si algo queda en quien lee —una música leve, una sensación que no se deja atrapar por las palabras— tal vez sea porque lo invisible, por un instante, ha encontrado su nido.

Créditos:
Imagen de portada: Lluvia y viento. Foto Gerson A. de Sousa.

Lectura recomendada: Palabras de lluvia y El vendedor de abanicos. Cristina M.ª Menéndez Maldonado. Narrativa ficción. Eirene Editorial.

Realismo mágico: el puente entre lo visible y lo invisible: 1ª parte (Cristina Mª Ménendez Maldonado).

Las dimensiones literarias del «realismo mágico» han sido y siguen siendo motivo de grandes controversias entre críticos, de modo que se ha tratado de definir y de algún modo «acotar» sus límites entre lo real y lo puramente fantástico.

La preocupación de definirlo erróneamente en un ámbito académico, hace hincapié en la importancia de estructurar y organizar los estilos, los impulsos, en anotaciones bien asentadas en datos, para evitar ambigüedades, y precisamente en ese intento en el que, en mi opinión, se pierde el verdadero sentido del realismo mágico.

Cada escritor representa una mirada, una perspectiva, que no debería encasillarse ni tratar de encerrarse en ninguna definición, o al menos no completamente. Analizar una obra, aun siendo una aproximación interesante y bien opinada, debería ir más allá y «sentirse», no solo «analizarse».

Para mí, el realismo mágico es solo una consecuencia de un viaje profundo y silencioso, que el escritor transita de la mano de sus personajes. Una senda que le lleva a lo que Henry Corbin denominó el Mundus imaginalis y que representa un nivel de realidad autónomo, distinto tanto del mundo sensible/material, como del mundo puramente intelectual o abstracto. No es «imaginario» en el sentido de irreal o ficticio, sino un mundo real al que se accede mediante la imaginación creadora.

Lo mágico en el realismo en tanto que invisible, no es irreal, si no que pertenece a otro nivel de realidad. Las metáforas, son realidades vividas con otra forma de percepción y la literatura se convierte en acto de conocimiento, no solo en creación estética.

Además, en la fantasía existe una ruptura de la realidad y la duda de si es o no real, sin embargo en el realismo mágico, tal y como yo lo entiendo, ligado a ese Mundus imaginalis hay una aceptación natural. Lo imaginal revela y es ontológico. Por tanto, lo mágico, coexiste con lo visible.

«Mundus Imaginalis». Dibujo de Cristina Mª Menéndez y fotografía Gerson A. de Sousa.

Para mí, escribir, es un acto mágico en sí mismo. Lo mítico sigue respirando como parte de ese viaje personal. El realismo mágico así entendido combina lo cotidiano con lo extraordinario, sin que lo mágico rompa el orden del relato. Lo nutre, lo alimenta, lo ilumina y muestra la llave hacia un espacio narrativo en el que convive lo real y lo mágico.

Para algunos críticos o autores como Carpentier, el realismo mágico se asienta en una postura teórica, sin embargo la visión de García Márquez, me acerca mucho más a la percepción que como autora tengo en mi proceso creativo. Márqueze habla de «práctica narrativa» en la que la magia aparece como parte de la memoria, la oralidad, la imaginación o la experiencia cotidiana. No es lo mismo explicarlo que vivirlo, y ahí para mi está la clave, al igual que en la naturalidad, porque es algo inherente al ser humano, es parte de su memoria ancestral, de su psique. Lo mágico sirve para hablar de soledad, violencia, amor, destino, y su función es existencial, narrativa y trasciende cualquier barrera mental y sistematizada. Es la esencia misma de lo creativo, que no necesita adornos, ni etiquetas. Es natural y extraordinaria a la vez.

Créditos:
Imagen de portada: Realismo Mágico. Dibujo de Cristina Mª Menéndez Maldonado.

Lectura recomendada: Palabras de lluvia y El vendedor de abanicos. Cristina M.ª Menéndez Maldonado. Narrativa ficción. Eirene Editorial.