Querida lectora, querido lector (Teresa Olalla).

Querida lectora, querido lector:

¿Cuánto hace que no sientes la ilusión de abrir el buzón y encontrar esa carta que llevas esperando días, semanas, puede que meses?

La inmediatez de la mensajería instantánea ha asesinado, no solo esa ilusión, sino el tiempo de espera, la pausa de sentarnos a dedicarle a otra persona nuestro tiempo para contarle nuestra vida, nuestra historia; ha asesinado tocar la hoja escrita por otra persona que se desvela en unas cuantas líneas. Ha asesinado el romanticismo de la comunicación profunda y verdadera, aquella que se lleva a cabo pensando y repensado qué vas a contar; ha asesinado el acto íntimo de narrarnos.

Las cartas tenían eso, que contaban historias, algunas tan literarias que se han publicado, como por ejemplo La voz del padre, la voz de la madre de Lucía Bonet Guillot (2020), en el que se recoge, entre otras cosas, las notitas que sus abuelos se entregaban a escondidas cuando su abuelo estaba preso durante el franquismo.

Las cartas son testimonio en presente de la Historia y por eso las editoriales han publicado la correspondencia de personalidades, pero como soy escritora me voy a centrar en mencionar las de escritores, escritoras, editores, (nótese que no especifico editoras).

Elijo unas cuantas a modo de ejemplo por mi propio gusto: Joseph Roth & Stefan Zweig: Ser amigo mío es funesto (Correspondencia 1927-1938), una auténtica fantasía de título, por otro lado; Hermann Hesse & Thomas Mann: CorrespondenciaVictoria Ocampo & Virginia Woolf: Correspondencia, (véase que hay títulos poco originales); Anaïs Nin: Una pasión literaria: Correspondencia.  Si tienes gusto por el salseo, no me digás que no mueres por leer las cartas que se enviaban don Benito Pérez Galdós y doña Emilia Pardo Bazán.

Querida lectora, querido lector, me quiero parar un momento en Miguel Delibes & Josep Vergés: Correspondencia 1948-1986, aquí la diferencia es que se trata de la comunicación entre el autor y su editor¿Por qué me detengo en ello? Cuando se celebró el centenario del nacimiento de mi amado Delibes, fui a la exposición que se celebraba en la Biblioteca Nacional. Fue un momento hermoso, paralizante y motivante al mismo tiempo ver sus manuscritos y ver, sí, sus cartas, incluso la que envió al jurado del Premio Nadal para aclarar que si su obra llegaba tarde era responsabilidad del servicio de Correos.

Según salí envié un mensaje a mi mejor amigo y le escribí una carta: «Cuando seamos escritores muertos y famosos no podrán exponer nuestras cartas porque solo enviamos wasaps». Me respondió con un mensaje.

Mi amigo y yo no llegaremos a ser escritores famosos (muertos sí por razones obvias), pero tampoco nadie leerá la cantidad de información interesante, anécdotas, risas y llantos que él y yo compartimos, os aseguro que en sus mensajes hay mucha literatura: compartimos ideas, nos ayudamos cuando estamos atascados y en cada uno de nuestros mensajes se siente la amistad que nos une. No habrá un libro titulado: Álex Casas Segú y Teresa Olalla: Correspondencia. O Una vez tuve un amigo escritor y estas son nuestras cartas. Ambas opciones publicadas por Eirene Editorial.

Hay tanta magia en la correspondencia que tiene su propio género literario: el género epistolar. La complejidad y riqueza que tiene este género es que solo contamos con las cartas de una de las personas implicadas, con lo que la escritora o el escritor debe tener la habilidad de contar en una de sus cartas la información que ha recibido del otro participante sin que se note que está repitiendo lo que ha leído. Un lío, ¿verdad? Lo hermoso es cuando lo lees y no te das cuenta.

Puesto que soy yo quien te escribe esta carta, me voy a permitir dos lujos: uno, el de mencionar a mi autor y autora favorita; dos, mencionarme a mí misma.

Dos grandes ejemplos de este género son Miguel Delibes con la novela Cartas de un sexagenario voluptuoso y Lucia Berlin en el relato Querida Laura. En ambos casos, además, hacen una radiografía de la sociedad en la que estaban inmersos.

En cuanto a mí, y pecando de ser soberbia, en la antología de relatos Al otro lado del río (2025) podéis encontrar Tustin, Orange, relato en el que me propuse hacer un ejercicio narrativo en el que una adolescente le cuanta a una amiga a través de cartas cómo está viviendo su viaje a Estados Unidos para aprender inglés; en esas cartas se debe sentir su transformación. Confieso que me inspiré en Lucia Berlín porque la adoro, (estas son las cosas que una puede hacer al escribir una carta: confesar faltas y pecadillos).

Romántica, lo que se dice romántica, no soy. Pero melancólica… Lectora o lector, ¿de verdad no echas de menos escribir y recibir cartas? Yo sí, lo he intentado con escaso éxito, vamos, que ha sido un fracaso, pero no pierdo la esperanza.

Por eso, con esta carta quiero lanzar una propuesta: ¡volvamos a escribirnos!

¿Qué te parece si escribes una carta a la dirección postal de Eirene Editorial?

Prometo responder y, quién sabe, tal vez algún año se publique Ese maravilloso experimento qué es narrarnos la vida (VV.AA., Eirene editorial).

Créditos:

Imagen de portada, buzón de correos en la calle Alcalá. www.correos.es

Lectura recomendada: «Tustin, Orange», Al otro lado del río. Teresa Olalla Tomey. Narrativa ficción. Eirene Editorial.
Otros libros: Obsesión y Lo peor que le puede pasar.

Leyendo con Eirene (Editorial)

El próximo 25 de febrero, Eirene Editorial comienza una nueva aventura: el club de lectura «Leyendo con Eirene (Editorial)».

En la Biblioteca Pública La Chata de Carabanchel, con carácter mensual, empezamos con mucha ilusión este club de lectura. Un club que además incorporará actividades complementarias, también una vez al mes.

Leeremos cada mes uno de los diferentes títulos que conforman las distintas colecciones de la editorial. Compartiremos reflexiones, analizaremos personajes, descubriremos aprendizajes. Puede que coincidan emociones o puede que descubramos nuevas perspectivas sobre nuestra lectura.

¡Os esperamos!

Dirección: Biblioteca Pública La Chata Calle del Gral. Ricardos, 252, Carabanchel, 28025 Madrid

«Aldonza Lorenzo-Dulcinea del Toboso» por María Ana Sanz Huarte (Amelia Guibert Navaz).

Son muchas las obras y escritos que María Ana Sanz Huarte (1868-1936) realizó en defensa de la mujer. Siempre se rebeló contra la situación de sumisión y falta de reconocimiento de sus derechos incluidos hasta en el código legal.

No por ello dejo de reconocer la acción de muchos hombres por valorar, en su justa medida, a la mujer.

Y voy a centrarme en esa frase «… mucho debe la mujer a Cervantes».

Efectivamente por ello Cervantes tendrá un gran protagonismo en sus conferencias tanto en fiestas del libro, como en celebraciones en las escuelas de Magisterio y en otros centros. Importante será la conferencia impartida en la Fiesta del Libro de la Escuela de Magisterio de 1932 sobre las Novelas Ejemplares, donde destaca los perfiles de mujeres como: «La Española Inglesa», «La Ilustre Fregona» y «La Gitanilla».

Quizá su conferencia: «Siluetas femeninas en el Quijote», sea, por la variedad de perfiles femeninos, la valoración de diversas actitudes de la mujer, matizando con decoro hasta la maldad de la duquesa, sea su escrito más relevante.

Lo pronunció en las Escuelas de San Francisco clausurando un homenaje a Cervantes en su centenario y la volverá a pronunciar en el Ateneo de Navarra en 1934.

Archivo fotográfico familiar María Ana Sanz Huarte.

En estas conferencias con títulos parecidos señala distintos perfiles de mujeres. Y como final incluye el de Aldonza Lorenzo-Dulcinea del Toboso:

«El nombre es aquí toda una revelación. Aldonza Lorenzo, suena en los oídos como algo rajante, duro, fuerte, Dulcinea… Dulcinea del Toboso, nombre ‘músico, peregrino y significativo’ es como pulsación de arpa eólica, como aura suave de perfumado abril.

Es Aldonza la hembra garrida, membruda, y fuerte, de ancha cadera y acentuadas curvas, nuncio de ubérrima fecundidad; la morena varonil que comparte infatigable con el gañán y la moza la dura labor campesina; la Venus lugareña que desenvuelta y a la vez recatada, admite entre alegres carcajadas, los requiebros, y rechaza con energía con empellones cualquier desmán del mocerío que la desea.

No busquéis en su alma inquietudes ni en su cerebro espinas. Su vida se deslizará plácida, sin añoranzas ni deseos.

El amor no alterará jamás la regularidad de su pulso. Casará cuando la familia lo disponga, con el mozo que aporte más pies de viña o más robadas de tierra de pan llevar. Se reproducirá la raza trabajadora y fuerte de los Corchuelos, y al llegar el último día, sin ansias ni lucha interna, se entregará cristianamente a la muerte, con la impasible tranquilidad con que en su vida se entregó al trabajo.

De esta figura maciza y áspera, como bloque sin pulir, surge en la fantasía de Don Quijote la más espiritual encarnación, así como de la informe pira de toscos leños, emerge la llama ondulante y graciosa, que ilumina el espacio, purifica cuanto alcanza y asciende sutil al cielo.

Dulcinea, la de los rasgados ojos verde-esmeralda; le da sobrehumana hermosura, en quien se realizan los quiméricos atributos de belleza, que los poetas dan a sus damas. Milagro de amor, acabado modelo de perfección a quien rinde Don Quijote, honor y vida.

A ella se encomienda fervoroso desde la primera aventura que se ofrece a su arrojo temerario al velar sus armas el novel caballero, hasta el instante supremo, tristísimo en que vencido por el arrojo de la Blanca Luna con voz débil y congojosa, pero con entera voluntad, proclama a Dulcinea por la más hermosa mujer del mundo.

Las invocaciones más tiernas y regaladas, las más férvidas y arrogantes, las más dolientes y quejumbrosas, repite el eco por Dulcinea en la árida llanura de la Mancha, en las selvas y florestas de Sierra Morena, en el Palacio ducal y en la playa de Barcelona

Por ella acomete el Hidalgo las más increíbles hazañas, arrostra mil veces la muerte, desprecia las comodidades, sosiega sus arrebatos, busca gloria y prez.

Ella pelea en mí y vence en mí, y yo vivo y respiro en ella y en ella tengo vida y ser. Puede darse expresión más encendida, más apasionada, más sobrehumana de amor terrenal?

Y, no obstante, Don Quijote sabe que su amor no tiene sustantividad, que es una quimera, una ficción, sustentada en base de arcilla en la que a veces llega a creer.

El donoso cuento de fina gracia picaresca, que refiere Don Quijote de la viuda, hermosa y rica que se casa con el motilón, descubre bien a las claras su íntimo pensamiento, y en otra ocasión apremiado por la Duquesa responde evasivamente:

‘Dios sabe si hay Dulcinea o no en el mundo’.

¿Más que necesidad hay de que exista, para que su nombre, inflamando el vehemente corazón del Caballero, haya escalado la inmortalidad?

La grandeza de Dulcinea es hechura y reflejo de la de su rendido creador. En ella adora Don Quijote su propia excelsitud, porque privilegio del genio es sublimar cuanto pasa a través de su alma.

De oro purísimo y primorosa labor de orfebre cubrió Don Quijote la tosca figura de Aldonza, transformándola en la sutil de Dulcinea.

Y he aquí nuevamente reproducida con la magia del genio, el eterno contraste de lo positivo y lo ideal, de la prosa y de la poesía, de la aspiración que vuela y la realidad que repta.

Aldonza, la que ahecha trigo; la que en faena suda, se broncea y tuesta al aire y al sol, la que rastrilla lino y carga costales, la que tira de la barra y habla a gritos por las bordas del corral; la que trasiega y suda la que ajetrea y trabaja…

Dulcinea, la que inserta perlas y borda para su amado empresas de oro y pedrería; la que trasciende a oriental perfume, la que habita suntuoso palacio, la que sueña tras el calado ajimez, la exquisita, la noble la bella…

¿Pero es que Dulcineas y Aldonzas han de ir en contrapuestas rutas sin encontrarse jamás?

Es acaso incompatible el brío y robustez de Aldonza, su útil laboriosidad, su sencillez sin artificio, su buen sentido práctico, con la exquisita distinción, seductora gracia y alta jerarquía psíquica de Dulcinea?.

Si no existiese este acabado tipo de mujer que encasta las dos estirpes, hay que crearlo, porque la complejidad del vivir moderno, y la participación de la mujer en todos los sectores de la actividad humana le están demandando el regio empuje de Aldonza Lorenzo, con la fina espiritualidad de Dulcinea del Toboso.

Señores, al remover de la estantería la obra cumbre de Cervantes, un poco arrinconada tras la profusa producción de la literatura contemporánea, salieron a luz (curiosas por asomarse a nuestro mundo), las deliciosas mujeres que creó su fantasía.

Devolvámoslas con veneración al lugar que las inmortalizó y del que acaso no debieran haber salido, pidiendo perdón al ‘Manco’ insigne por mi osadía, y, a ustedes señores, por haber abusado de su benévola atención.»

Créditos:
Imagen de la portada: Dulcinea (1957) en el Monumento a Cervantes, escultura de Coullaut-Valera en la plaza de España de Madrid. Fotografía de Luis García.

Lecturas recomendadas: María Ana Sanz Huarte (1868-1936). En primer término, mujer. Amelia Guibert Navaz. Narrativa no ficción. Eirene Editorial.

Cuando Eva se convirtió en Cecilia (Valentín Martín).

Sobre los rescoldos de Mayo del 68 y la Guerra de los Seis Días en la que Israel arrasó a Egipto, se levantó la decisión de una muchacha trotamundos. Quería dejar de seguir a su padre de embajada en embajada,  parar y quedarse en España para desde aquí empezar una carrera en la música. Su formación era anglosajona por sus vivencias en Estados Unidos y el Reino Unido. Por eso cantaba en inglés y tenía una tendencia a la libertad que aquí no existía. Pero antes de que el país cambiase, quien cambió fue ella. Primero, el nombre de Eva que ya estaba registrado. Eligió Cecilia llevada del entusiasmo por la canción de Simon and Garfunkel. Luego, al conocer la seducción de nuestra música popular, abandonó el inglés y se instaló en nuestro idioma. A partir de ahí, todas sus canciones eran sus propios poemas. Enseguida topó con la censura y se vio obligada a buscarle las vueltas a sus letras para que fueran aceptadas. Hay un cierto sarcasmo en esta tarea: muchas soluciones las encontró en un sótano de un café situado en la calle a espaldas del despacho de Fraga, el «Gran Censor». Ella perteneció a una generación de cantautores que lucharon en varios frentes. Hay una cierta semejanza en los orígenes musicales con Luis Pastor. El cantautor de Berzocana aprendió en su adolescencia con los curas obreros de Vallecas. Cecilia le debe sus orígenes a una monja norteamericana. Y a partir de ahí, los caminos se separan. El extremeño se entregó a la canción social. La joven nacida en El Pardo, buscó sus creaciones dentro de sí misma. Estremece pensar que Cecilia no cumplirá este año los 77 que le tocaban. Cuando se mató en la carretera, entrando en el «Club de los 27», había encontrado ya la plenitud personal, artística, y sentimental. Su música sigue viva.

Aquí os dejamos el vídeo y la letra de la interpretación de «Mi querida España» sin censura en el festival de Mallorca de 1975 (canal Cecilianet).

Mi querida España.
Esta España viva,
esta España muerta.

De tu santa siesta
ahora te despiertan
versos de poeta.

¿Dónde están tus ojos?
¿Dónde están tus manos ?
¿Dónde tu cabeza?

Mi querida España.
Esta España mía,
esta España nuestra.

Mi querida España.
Esta España nueva,
esta España vieja.

De las alas quietas,
de las vendas negras
sobre carne abierta.

¿Quién pasó tu hambre?
¿Quién bebió tu sangre
cuando estabas seca?

Mi querida España.
Esta España mía,
esta España nuestra.

Mi querida España.
Esta España en dudas,
esta España cierta.

Pueblo de palabras
y de piel amarga,
dulce tu promesa.

Quiero ser tu tierra,
quiero ser tu hierba
cuando yo me muera.

Mi querida España.
Esta España mía,
esta España nuestra.

Mi querida España.
Esta España mía,
esta España nuestra.

Créditos:
Imagen de portada: portada primer disco publicado por Cecilia en estudios Audiofilm en 1972.

Lectura recomendada: Cuando canta la poesía. Rafa Mora y Moncho Otero. Valentín Martín. Narrativa no ficción. Eirene Editorial.

Realismo mágico: el puente entre lo visible y lo invisible. 2ª parte (Cristina Mª Ménendez Maldonado).

El realismo mágico o neorrealismo mágico como lo llaman en mis novelas, especialmente en Palabras de lluvia y El vendedor de abanicos, propone una manera de habitar la realidad poéticamente, reconociendo que existe un sentido invisible. De ese modo, la magia revela la realidad, algo que también percibo en otras artes como la pintura, el cine, la música, que me atraviesan literalmente, y me colocan en ese mundo intermedio en el que lo mágico es simbólico y real a la vez. Como dice el director de cine, Victor Erice, lo mágico nace de la mirada y habita lo invisible.

Escribo desde la convicción de que la realidad no se agota en lo visible. El realismo mágico, tal como lo practico, no huye del mundo: lo escucha con más atención, lo viste de poesía y lo abre a esa dimensión invisible. La magia acompaña y se respira, no se razona.

Así quise expresarlo en la cita que escribí para mi novela Palabras de lluvia:

Hay palabras que llegan despacio, gota a gota, en un asedio constante al corazón. Nunca fueron intrépidas, ni valientes. Palabras sencillas, cotidianas. Palabras de lluvia.

Cristina M.ª Menéndez Maldonado leyendo «Palabras de lluvia». Foto Gerson A. de Sousa.

En ella no quise demostrar, sino revelar; no definir, sino hacer sentir. Se percibe lo invisible a través de la lluvia, de las palabras en quechua, de las voces heredadas de ancestras, de la selva y sus misterios. Y todo se confabula para mostrar un mundo que habla en susurros, señales, atmósferas, amores cotidianos, y las palabras como lluvia que cae sobre los lectores, y crea una música especial, esa que late entre mundos… Y la lluvia, no paraba de hablar.

«… Las noches asturianas habían conseguido año tras año serenarla, y era precisamente en ese lugar, en un punto elevado de aquel valle, donde había recobrado sus lazos con la tierra y el cielo, donde volvió a reconocer los caminos. La Pachamama no era distinta de la que conocía, tampoco el río, aunque jamás viera delfines en Aller. El espíritu de todas las cosas permanecía intacto en aquellas montañas y sentía vivo el Kausay*, la energía vital, sagrada, que anima la naturaleza y que tantas veces mencionó la abuela. El cielo y la tierra, la lluvia, las estrellas, los animales y las plantas, todo tiene su aliento, todo es sagrado. En todos esos años había aprendido a respetar el pulso de la vida, sus procesos y cambios, pero nunca como en aquel momento había sentido una conexión igual. Cada minuto de su día a día le recordaba, en la sencillez de los quehaceres cotidianos, que todo, hasta lo más simple, es venerable…» (Fragmento de Palabras de Lluvia).

El vendedor de abanicos contiene a su vez historias que el batir del abanico despierta, como las trenzas cobrizas cual senderos recónditos e interminables, o los impacientes zapatos viejos que revelan las historias de los que fueron sus dueños, o las sirenas que inventaron el secreto lenguaje de los abanicos:

«… A veces esparcen sombras, murmullos, maldiciones. Otras alientos, despedidas, deseos. Así son los vientos, inconstantes, tornadizos. Ignoran que sus soplos dejan restos imborrables en las almas…

… Cuando todos duermen, no hay palabras, ni gestos, tampoco desaires o amoríos… Es el tiempo de los abanicos…
Los hay que planean bajo, en círculos, pues el peso de sus adornos y encajes no les permite elevarse ni tan siquiera a media altura. Disfrutan contemplando el reflejo de sus sombras, y acarician la tierra con su belleza. Incluso en sueños se saben pesados; presos de miriñaques y varillas. Renunciaron a la libertad, y viven un amor entre cadenas y desiertos.
Los más flexibles consiguen remontarse un poco más alto. Su alma es liviana y a menudo descienden para enredarse en oleajes y arena. Solo a veces alcanzan ese lugar intermedio, soñado, en el que se besan los mundos. En ese instante efímero entre el cielo y la tierra, son dichosos.
Los más ligeros consiguen tocar las estrellas. Su alma quedó prendida al otro lado del espejo, y ya jamás pisarán el suelo. Viajan en la eternidad de los vientos, y se alimentan de silencio, en un retorno infinito hacia sí mismos, que deja rastros de sombras, luces, a ratos desvelos.
Algunos jamás volaron, aunque conocen la tierra, el cielo, los astros, el silencio… Guiados por su propio latido se abandonan, dentro y fuera de sí mismos… Solo ellos conocen el nido donde se gestan los sueños». (Fragmento de El vendedor de abanicos).

La lluvia y el viento están presentes en ambas novelas, como elementos naturales que son atmósfera y recurso creativo, realismo mágico en sí mismos.

Solo diré en mi defensa que escribo así porque no sé mirar de otra manera. Porque hay realidades que solo se revelan cuando se extrae de ellas, cuidadosamente, esa esencia que es como una gota alquímica y que contiene todo un mundo; cuando se las deja ser lluvia, viento o susurro. Mis historias no buscan explicar lo mágico, sino habitarlo, respirarlo. Y si algo queda en quien lee —una música leve, una sensación que no se deja atrapar por las palabras— tal vez sea porque lo invisible, por un instante, ha encontrado su nido.

Créditos:
Imagen de portada: Lluvia y viento. Foto Gerson A. de Sousa.

Lectura recomendada: Palabras de lluvia y El vendedor de abanicos. Cristina M.ª Menéndez Maldonado. Narrativa ficción. Eirene Editorial.

Realismo mágico: el puente entre lo visible y lo invisible: 1ª parte (Cristina Mª Ménendez Maldonado).

Las dimensiones literarias del «realismo mágico» han sido y siguen siendo motivo de grandes controversias entre críticos, de modo que se ha tratado de definir y de algún modo «acotar» sus límites entre lo real y lo puramente fantástico.

La preocupación de definirlo erróneamente en un ámbito académico, hace hincapié en la importancia de estructurar y organizar los estilos, los impulsos, en anotaciones bien asentadas en datos, para evitar ambigüedades, y precisamente en ese intento en el que, en mi opinión, se pierde el verdadero sentido del realismo mágico.

Cada escritor representa una mirada, una perspectiva, que no debería encasillarse ni tratar de encerrarse en ninguna definición, o al menos no completamente. Analizar una obra, aun siendo una aproximación interesante y bien opinada, debería ir más allá y «sentirse», no solo «analizarse».

Para mi el realismo mágico es solo una consecuencia de un viaje profundo y silencioso, que el escritor transita de la mano de sus personajes. Una senda que le lleva a lo que Henry Corbin denominó el Mundus imaginalis y que representa un nivel de realidad autónomo, distinto tanto del mundo sensible/material, como del mundo puramente intelectual o abstracto. No es «imaginario» en el sentido de irreal o ficticio, sino un mundo real al que se accede mediante la imaginación creadora.

Lo mágico en el realismo en tanto que invisible, no es irreal, si no que pertenece a otro nivel de realidad. Las metáforas, son realidades vividas con otra forma de percepción y la literatura se convierte en acto de conocimiento, no solo en creación estética.

Además, en la fantasía existe una ruptura de la realidad y la duda de si es o no real, sin embargo en el realismo mágico, tal y como yo lo entiendo, ligado a ese Mundus imaginalis hay una aceptación natural. Lo imaginal revela y es ontológico. Por tanto, lo mágico, coexiste con lo visible.

«Mundus Imaginalis». Dibujo de Cristina Mª Menéndez y fotografía Gerson A. de Sousa.

Para mí, escribir, es un acto mágico en sí mismo. Lo mítico sigue respirando como parte de ese viaje personal. El realismo mágico así entendido combina lo cotidiano con lo extraordinario, sin que lo mágico rompa el orden del relato. Lo nutre, lo alimenta, lo ilumina y muestra la llave hacia un espacio narrativo en el que convive lo real y lo mágico.

Para algunos críticos o autores como Carpentier, el realismo mágico se asienta en una postura teórica, sin embargo la visión de García Márquez, me acerca mucho más a la percepción que como autora tengo en mi proceso creativo. Márqueze habla de «práctica narrativa» en la que la magia aparece como parte de la memoria, la oralidad, la imaginación o la experiencia cotidiana. No es lo mismo explicarlo que vivirlo, y ahí para mi está la clave, al igual que en la naturalidad, porque es algo inherente al ser humano, es parte de su memoria ancestral, de su psique. Lo mágico sirve para hablar de soledad, violencia, amor, destino, y su función es existencial, narrativa y trasciende cualquier barrera mental y sistematizada. Es la esencia misma de lo creativo, que no necesita adornos, ni etiquetas. Es natural y extraordinaria a la vez.

Créditos:
Imagen de portada: Realismo Mágico. Dibujo de Cristina Mª Menéndez Maldonado.

Lectura recomendada: Palabras de lluvia y El vendedor de abanicos. Cristina M.ª Menéndez Maldonado. Narrativa ficción. Eirene Editorial.

María Lejárraga, un recuerdo necesario en Carabanchel (J. Nicolás Ferrando).

Hay libros que no solo se leen: se escuchan, se recuerdan y, sobre todo, reparan olvidos. Es lo que he intentado realizar en 15 imprescindibles de Carabanchel y Latina. Esta obra propone un recorrido literario y emocional por dos de los distritos con mayor densidad histórica y humana de Madrid, pero lo hace desde una perspectiva singular: la de los relatos que explican el territorio a través de las personas —muchas veces silenciadas— que lo habitaron o lo soñaron.

«15 imprescindibles de Carabanchel y Latina». J. Nicolás Ferrando. Artelibro Editorial.

Entre esos quince textos destaca el relato sobre María Lejárraga, una de las grandes creadoras españolas del siglo XX y, paradójicamente, una de las más invisibilizadas y olvidadas. El texto, titulado «Las decepciones de María Lejárraga», no se limita a trazar una biografía al uso, sino que reconstruye, con pulso narrativo y rigor histórico, una vida marcada por el talento, el amor, la renuncia forzada y una cadena de decepciones que hoy resuenan con especial fuerza, cuando seguimos construyendo —no sin dificultad— una sociedad verdaderamente igualitaria.

El relato sitúa el origen de todo en una verbena popular de Carabanchel, a finales del siglo XIX. Allí, entre farolillos y música festiva, comienza la historia de una mujer que escribiría algunas de las obras teatrales más importantes de su tiempo sin poder firmarlas. La escena no es casual: Carabanchel aparece como espacio simbólico, como lugar de cruce entre lo popular y lo intelectual, entre la celebración colectiva y la soledad íntima de quien empieza a comprender que su voz no será aceptada fácilmente en un mundo hecho a la medida de otros.

María Lejárraga fue autora de comedias, dramas, libretos, ensayos y artículos políticos. Sin embargo, durante décadas, su obra apareció firmada por su marido, Gregorio Martínez Sierra. No fue una cesión inocente ni romántica, sino una estrategia de supervivencia en una sociedad que rechazaba que una mujer aspirase a ser creadora en igualdad de condiciones. La primera gran decepción de María no vino del público ni de la crítica, sino del ámbito familiar, donde se consideró indecoroso que una «señorita» publicara literatura. A partir de ahí, el silencio se convirtió en norma.

María Lejárraga retratada por Julio Romero de Torres.

El relato incluido en 15 imprescindibles de Carabanchel y Latina recorre con delicadeza y firmeza ese proceso de borrado: el éxito teatral sin nombre propio, la traición sentimental cuando Gregorio inicia una nueva vida con la actriz Catalina Bárcena, su compromiso político durante la Segunda República y, finalmente, su largo y doloroso exilio. Incluso en Estados Unidos, ya anciana, María volvió a sufrir una última decepción cuando un cuento suyo fue rechazado por un gran estudio cinematográfico y, poco después, transformado —sin crédito alguno— en una famosa película de animación firmada por Walt Disney.

Este texto no solo recupera una figura histórica: dialoga directamente con el presente. Porque la historia de María Lejárraga es también la de tantas mujeres cuyos trabajos fueron apropiados, minimizados o directamente borrados del relato oficial. Por eso no es casual que el relato esté dedicado a Chelo Altable, creadora de Eirene Editorial. Su labor editorial se ha centrado precisamente en rescatar voces ocultas, memorias incómodas y relatos necesarios que cuestionan los discursos patriarcales y las inercias culturales que aún persisten.

La dedicatoria funciona como un puente entre generaciones: de una mujer carabanchelera que no pudo firmar sus obras a otra —también vinculada a Carabanchel— que hoy crea espacios para que esas historias salgan por fin a la luz. En un momento en el que la igualdad se reivindica no solo como consigna, sino como práctica cultural, social y política, iniciativas como Eirene Editorial resultan más necesarias que nunca. Porque la narrativa, la poesía y, en definitiva, la literatura debe servir para comprendernos mejor y para evolucionar como sociedad.

Leer a María Lejárraga hoy no es un ejercicio nostálgico, sino un acto de justicia. Tenemos la obligación moral de sacarla del olvido. Porque hay que nombrar para reparar. Y leer, para no volver a callar.

Créditos:
J. Nicolás Ferrando, director de Artelibro Editorial.
Foto portada: fotografía del archivo fotográfico de la Fundación Manuel de Falla.

Voces femeninas en la Edad Media – 4ª parte: Reflexión (María Consuelo Altable).

Como os he explicado, cuando hablaba de las escritoras cristianas y musulmanas, hay constancia de su existencia, y de sus obras; sin embargo en el caso de las mujeres judías, aclaro que desde el punto de vista del canon literario solo son atribuciones, con discrepancias entre los investigadores.

Sí, hay voces femeninas en la Edad Media y sí, también hay silencios, o son voces anónimas, perdidas que aun no han llegado a nosotros, y que esperan el momento de ser recuperadas, que quizás ocurra, o quizás no, pero como forman parte del colectivo de mujeres que compartieron la singularidad de escribir, de crear, también empiezan a brillar en nuestro firmamento literario.

Yo creo que cada vez que leemos a alguna de estas mujeres se crea una especial armonía en el universo, el silencio ya no es desconocimiento porque su voz se convierte en nuestra voz.

Así que si queréis disfrutar y descubrir como vivían estas mujeres medievales que son nuestras antepasadas, os recomiendo los siguientes títulos de ficción:

Moras y cristianas, de Ángeles de Irisarri y Magdalena Lasala. Son historias de mujeres que vivían en el medievo en los reinos cristianos y en al-Andalus

Perlas para un collar, de Ángeles de Irisarri y Toti Martinez de Leza. Es mucho más intenso y completo porque son relatos que recuperan la vida de mujeres cristianas, judías y musulmanas.

Wallada, la Omeya. Magdalena Lasala, novela la vida de la princesa Ual-lada.

Diosas del silencio de Cristina María Menéndez Maldonado. Diosas del silencio se apoya en costumbres, tradiciones e historia medievales, y acompañamos a su protagonista Iria y al resto de personajes que se entrecruzan en su vida en una espiral que les lleva a encontrar en su yo más profundo la voz de la Diosa.

Y sí queréis ir a las fuentes y escuchar sus voces singulares podéis encontrar sus vidas reales y los textos que nos dejaron en las antologías que os he citado antes…

Diwan de las poetisas de al- Andalus de Teresa Garulo que recoge la vida y los textos de 40 poetisas hispano-arábigas.

«Diwan de las poetisas de al- Andalus» de Teresa Garulo. Editorial Poesía Hyperión.

‘Egregias señoras, nobles y burguesas que escriben’ de Milagros Rivera, primer capítulo de “Por mi alma os digo” de la antología La vida escrita por las mujeres dirigida por Ana Caballé, que recoge la vida y obras de las escritoras cristianas medievales que os he citado antes.

«La vida escrita por las mujeres I. Por mi alma os digo. De la Edad Media a la Ilustración». Bajo la dirección de Anna Caballé. Círculo de lectores.

La mujer judía de Yolanda Moreno Koch, que su último capítulo se dedica a la mujer en la poesía hebrea medieval en Sefarad.

«La mujer Judía». Yolanda Moreno Koch (ed.). Ediciones El Almendro. Córdoba.

Créditos portada: Pintura al óleo de Celedonio Perellón reproducida en la cubierta de «Diosas del silencio» de Cristína Mª Menéndez Maldonado. Editorial Dairea.

Lectura recomendada: Días de amor y cosecha y El señor de la especias: «El señor de las especias» y «El águila y el guardián». Ángela Blenda. Narrativa ficción. Eirene Editorial.

Voces femeninas en la Edad Media – 3ª parte: Sefarad (María Consuelo Altable).

¿Y que pasa con sus coetáneas judías? ¿Hubo escritoras? ¿Nos han llegado sus textos? O ¿solo, silencio?

Gracias a Yolanda Moreno Koch, y su estudio de diversos aspectos en que la mujer era la protagonista de la vida y como la veían los hombres y la sociedad medieval en La mujer judía, encontramos que apenas llegan a 4 los poemas atribuidos a mujeres judías, y ni siquiera se tiene una certeza total que que fueran mujeres las que lo escribieran.

Yo personalmente quiero creer que fueron ellas, y que por la presión social y religiosa de la época en la que vivían no pudieron defender con libertad y autoridad su voz.

«Perlas para un collar. Judías, moras y cristianas en la España medieval.» Ángeles de Irisarri y Toni Martínez de Lezea. Santillana Ediciones Generales.

Aunque tanto en la poesía romance, árabe o judía se hable en muchos contextos de la mujer, no siempre ella toma la palabra. Así, en los poemas hebreos medievales, pocas veces es una mujer real la que habla, en general, son estereotipos o personificaciones de seres vivos o de elementos de la naturaleza, el alma o la propia patria Israel.

Aunque existen dudas sobre si es autor o autora, hay un poema escrito como dice el encabezamiento por “La mujer de Dunas ben Labrat”. Se duda ya que en la época había también la costumbre de atribuir un poema a la voz de una mujer. A mí me gustaría creer como algunos investigadores afirman que fue escrito por una mujer que lamenta despedirse de su esposo. Desconocemos el nombre de la mujer que lo escribió, solo que era la esposa de Dunas.

¿Recordará su amado a la cierva graciosa
el día de su partida, con su hijo único en brazos?
Puso él en su mano izquierda el anillo de su diestra,
en su brazo puso ella su ajorca;
al tomar ella su manto como recuerdo,
cogió él el suyo para no olvidarla.
No se quedaría él en Sefarad
aunque recibiera medio reino de su señor.

Qasmina ben Ismail es una poetisa judía a la que su padre enseñó el arte de la poesía árabe. Se sitúa en Granada entre los siglos XI y XIII. Y sus escasas obras han llegado a la actualidad escritas en árabe.

A Merecina, rabina de Girona que vivió antes de la expulsión de los judíos de 1492, se le atribuye un poema sinagogal, es decir, un poema litúrgico hebrero.

Y finalmente el último poema que pudo escribir una mujer judía medieval, fue tal vez obra de Tolosana de la Caballería, una gran figura del judaísmo de Zaragoza en la primera mitad del siglo XV. Es una elegía que condensa en 3 versos todo el dolor de una madre que pierde a un hijo. Se la cita en un glosario como que es la autora.

Créditos:
Imagen portada: Ilustración de Miríam y mujeres celebrando el milagro del Mar Rojo proveniente de la Hagadá Dorada, que se encuentra en el Museo Británico.

Lectura recomendada: Días de amor y cosecha. Narrativa ficción. Eirene Editorial.

Voces femeninas en la Edad Media – 2ª parte: Hispania (María Consuelo Altable).

En los Reinos cristianos en los siglos XIV y XV las niñas de la nobleza y la burguesía recibían una educación exquisita. Se las llamaba Puellae doctae. Siendo mayores transmitieron el amor por la cultura a sus hijos, encargaron obras literarias, celebraron tertulias culturales y se atrevieron a escribir.

Dirigida por Anna Caballé la Antología La vida escrita por las mujeres en su primer volumen “Por mi alma os digo”, el primer capítulo realizado por la investigadora Milagros Rivera titulado ‘Egregias señoras, nobles y burguesas que escriben’ recoge los textos de las primeras escritoras cristianas reconocidas como tales.

Entre ellas encontramos la figura de Leonor López de Córdoba que nació en Calatayud en 1362 y murió en Córdoba en 1430. Cuando tenía 40 años dictó a viva voz a un escribano sus Memorias. Si bien su infancia fue de una terrible dureza dado que pasó ocho años en la cárcel de Sevilla siendo una niña, eso también moldeó su carácter de forma tan excepcional que la llevó a ser valida de la reina Catalina de Lancaster durante 8 años, también. En sus Memorias, describe las terribles epidemias de peste de 1374 y 1400. Triste episodio, ya que recoge a un niño huérfano y le pide ayuda a su hijo para cuidarle y es su hijo el que fallece contagiado; y el asalto a la judería de Córdoba. Los últimos años de su vida los vivió en Córdoba, relacionándose con los poetas contemporáneos.

«Moras y cristianas. Venturas y desventuras de la mujer en un sorprendente fresco de la España medieval». Ángeles de Irisarri y Magdalena Lasala. Editorial Emecé.

Serena de Tous vivió en Barcelona, junto a la Iglesia de la Mercé. Aunque se desconocen las fechas de nacimiento y muerte, entre 1372 y 1376 escribió 18 cartas a su esposo Ramón de Tous con el que apenas vivió ya que este era administrador de María de Luna, futura reina de Aragón. En sus cartas en lengua catalana, Serena expresa sus deseos de amor, fidelidad, preocupaciones, nostalgia, y finalmente decepción y dolor.

De Teresa de Cartagena, considerada como la primera escritora mística de España, no está clara su fecha de nacimiento entre 1420 y 1435 en Burgos. Nieta de Selemoh-Ha Leví, o Pablo de Santa María conocido como El Burgense, poeta, erudito, rabino mayor de Burgos que se convirtió al cristianismo poco antes de los terribles asaltos a las juderías de 1391. Perteneciente a esta familia burguesa que posteriormente se ennobleció, Teresa se formó en su casa y en la Universidad de Salamanca. Sorda desde muy joven encontró en la escritura y la espiritualidad la forma de vivir su enfermedad como la oportunidad de descubrir el aspecto divino de su ser y sentirse libre y feliz. Llamó Arboleda de los enfermos a su confesión mística.

Isabel de Villena nace en 1430 y fallece en 1490. Estudió y empezó a escribir en la corte de su tía María de Castilla, reina de Aragón. Escribió para las monjas del Convento de la Trinidad de Valencia, del que fue abadesa, la Vida de Cristo en lengua catalano valenciana. La leyeron muchas mujeres, entre ellas la reina Isabel I de Castilla que solicitó su publicación. Las protagonistas de su libro son mujeres: María, la madre de Jesús y María Magdalena, inspirándose en los evangelios apócrifos y en las tradiciones de los evangelios gnósticos.

Florencia Pinar, poeta, trovadora y dama de la corte de Isabel I de Castilla. Fue muy famosa y apreciada en su tiempo. Fue la primera mujer en participar en justas poéticas. Se conservan siete escritos entre poemas y canciones, en los que con un lenguaje claro y directo habla del amor y del deseo. Se han conservado 7 poemas, entre ellos esta Canción:

Hago de lo flaco fuerte,
voy a lo más peligroso,
quiero volver a la muerte,
puedo huir y no oso.
La voluntad me condena
y en ello consiente amor,
donde por tener temor
hago del hilo cadena.
No contradice mi suerte,
voy a lo más peligroso,
quiero volver a la muerte,
puedo huir y no oso.

Hasta aquí lo que podemos decir que está en el canon literario. Escritoras reconocidas como tales en su época y de las que nos han llegado textos en su totalidad o parcialmente.

Créditos:
Portada entrada del blog: Mujer escribiendo. Giacomo Pacchiarotto

Lectura recomendada: Días de amor y cosecha y El señor de la especias: «El señor de las especias» y «El águila y el guardián». Ángela Blenda. Narrativa ficción. Eirene Editorial.