Hay libros que no solo se leen: se escuchan, se recuerdan y, sobre todo, reparan olvidos. Es lo que he intentado realizar en 15 imprescindibles de Carabanchel y Latina. Esta obra propone un recorrido literario y emocional por dos de los distritos con mayor densidad histórica y humana de Madrid, pero lo hace desde una perspectiva singular: la de los relatos que explican el territorio a través de las personas —muchas veces silenciadas— que lo habitaron o lo soñaron.

Entre esos quince textos destaca el relato sobre María Lejárraga, una de las grandes creadoras españolas del siglo XX y, paradójicamente, una de las más invisibilizadas y olvidadas. El texto, titulado «Las decepciones de María Lejárraga», no se limita a trazar una biografía al uso, sino que reconstruye, con pulso narrativo y rigor histórico, una vida marcada por el talento, el amor, la renuncia forzada y una cadena de decepciones que hoy resuenan con especial fuerza, cuando seguimos construyendo —no sin dificultad— una sociedad verdaderamente igualitaria.
El relato sitúa el origen de todo en una verbena popular de Carabanchel, a finales del siglo XIX. Allí, entre farolillos y música festiva, comienza la historia de una mujer que escribiría algunas de las obras teatrales más importantes de su tiempo sin poder firmarlas. La escena no es casual: Carabanchel aparece como espacio simbólico, como lugar de cruce entre lo popular y lo intelectual, entre la celebración colectiva y la soledad íntima de quien empieza a comprender que su voz no será aceptada fácilmente en un mundo hecho a la medida de otros.
María Lejárraga fue autora de comedias, dramas, libretos, ensayos y artículos políticos. Sin embargo, durante décadas, su obra apareció firmada por su marido, Gregorio Martínez Sierra. No fue una cesión inocente ni romántica, sino una estrategia de supervivencia en una sociedad que rechazaba que una mujer aspirase a ser creadora en igualdad de condiciones. La primera gran decepción de María no vino del público ni de la crítica, sino del ámbito familiar, donde se consideró indecoroso que una «señorita» publicara literatura. A partir de ahí, el silencio se convirtió en norma.

El relato incluido en 15 imprescindibles de Carabanchel y Latina recorre con delicadeza y firmeza ese proceso de borrado: el éxito teatral sin nombre propio, la traición sentimental cuando Gregorio inicia una nueva vida con la actriz Catalina Bárcena, su compromiso político durante la Segunda República y, finalmente, su largo y doloroso exilio. Incluso en Estados Unidos, ya anciana, María volvió a sufrir una última decepción cuando un cuento suyo fue rechazado por un gran estudio cinematográfico y, poco después, transformado —sin crédito alguno— en una famosa película de animación firmada por Walt Disney.
Este texto no solo recupera una figura histórica: dialoga directamente con el presente. Porque la historia de María Lejárraga es también la de tantas mujeres cuyos trabajos fueron apropiados, minimizados o directamente borrados del relato oficial. Por eso no es casual que el relato esté dedicado a Chelo Altable, creadora de Eirene Editorial. Su labor editorial se ha centrado precisamente en rescatar voces ocultas, memorias incómodas y relatos necesarios que cuestionan los discursos patriarcales y las inercias culturales que aún persisten.
La dedicatoria funciona como un puente entre generaciones: de una mujer carabanchelera que no pudo firmar sus obras a otra —también vinculada a Carabanchel— que hoy crea espacios para que esas historias salgan por fin a la luz. En un momento en el que la igualdad se reivindica no solo como consigna, sino como práctica cultural, social y política, iniciativas como Eirene Editorial resultan más necesarias que nunca. Porque la narrativa, la poesía y, en definitiva, la literatura debe servir para comprendernos mejor y para evolucionar como sociedad.
Leer a María Lejárraga hoy no es un ejercicio nostálgico, sino un acto de justicia. Tenemos la obligación moral de sacarla del olvido. Porque hay que nombrar para reparar. Y leer, para no volver a callar.
Créditos:
J. Nicolás Ferrando, director de Artelibro Editorial.
Foto portada: fotografía del archivo fotográfico de la Fundación Manuel de Falla.


