El 24 de octubre se celebraba el Día Internacional de las Bibliotecas y Eirene Editorial lo celebró presentando en la Biblioteca Pública Ana María Matute la antología de relatos coordinada por Jorge Ruiz Morales Al otro lado del río.
En esta ocasión nos acompañaron Alberto Morate, poeta, y autoras y autores de los relatos que componen esta antología y que leyeron algunos fragmentos:
Teresa Olalla Tomey:Tustin, Orange
David García Alonso: Stellarium
Susana Monterreal: Un viaje soñado
Alonso Carretero: La sombra del limonero
Jorge Ruiz Morales: El muro

Siendo el Día Internacional de las Bibliotecas recordamos que la B P M Ana María Matute se inauguró al público en enero de 2013 contando con la presencia de la escritora que le daba su nombre, y cuyo centenario celebramos este año. Esta biblioteca es la heredera de los fondos de la primera biblioteca que hubo en Carabanchel, en la calle Hermanos Del Moral inaugurada en 1982 por el entonces alcalde Enrique Tierno Galván.
Y aunque en Carabanchel somos muy afortunados porque contamos con dos biblioteca públicas y otra en construcción, además de una biblioteca de la Comunidad de Madrid, Alberto Morate nos recordó que, sin embargo, otras bibliotecas se cierran como la Biblioteca Nacional de Uruguay en Montevideo, a la que dedicó un hermoso poema.
Disfrutamos de un interesante debate sobre las diferencias entre relato y novela en el que participaron tanto los asistentes como las autoras y autores que nos acompañaban.
Alberto Morate nos emocionó con su participación en esta presentación que remató con un hermoso poema dedicado a esta antología.
Al otro lado del río:
(Dedicado a Chelo Altable)
Hay,
al otro lado del río,
hombres, mujeres y niños
que, en su momento,
nacieron en medio del barro.
Otros vinieron de lejos,
muchos estuvieron de paso,
algunos se quedaron.
El barrio, al otro lado del río,
fue creciendo,
enlosándose, asfaltando,
las casas de una sola planta fueron pronto más de cuatro,
pusieron algunos parterres
que luego se secaron
y, después, volvieron a repararlos.
Había toda clase de gentes,
comerciantes y funcionarios,
médicos y monjes,
amas de casa y zapateros,
algún artista, otros desempleados,
era un barrio, que dicen,
del extrarradio.
Muchos se fueron y no volvieron,
otros tantos quedaron enterrados,
se escribían cartas
y no se pensaba en un futuro que no fuera humano.
Aquí, como en otros tantos barrios,
se forjaron amistades,
sueños aplazados,
viajes que no se realizaron,
y los zapatos se desgastaban
de tanto caminarlos.
Hubo, y hay, y sigue habiendo,
amores reencontrados,
cuentos de sirenas en secano,
secretos inconfesados,
historias entrecruzadas
que algunos las escriben
para poder deleitarnos.
Al otro lado del río, que es este,
se oyen canciones tristes,
pero también risas sin reparos,
personajes que deambulan
por las calles, sosegados,
esperando que alguien abra un libro
y lo lea
y se sepa
que este es un barrio
con arraigo.


