La esencia tiene alas (Cristina M.ª Menéndez Maldonado).

La vida a pie y sin instrucciones. Cristina Mª Menéndez Maldonado. Propiedad Intelectual. SafeCreative 22/02/2024 2402226982784.


Me ha venido a la cabeza, así sin premeditación ni alevosía, que la vida, con sus luces y sombras es el único producto sin etiqueta, ni instrucciones. Y digo «producto», esta vez, sí, con «toda intención», porque pienso, que antes de venir, hemos elegido un viaje, de más o menos diferentes niveles de dificultad, con mochilas de tiempos pasados, linajes, etc., con el fin de experimentar en una escuela, que a veces parece una cárcel y otras, un bucólico paisaje que nos hace moquear de emoción.
Con este panorama, y tras cruzar el umbral, la puerta que nuestras madres abren de par en par, nos da por berrear, colorados de indignación ¿cómo no hacerlo, imaginando la que se nos viene encima?
Torpemente aprendemos a caminar, para descubrir que en la vida no existen atajos…Y si no aprendemos a la primera, la historia se vuelve a repetir, como un remake de película y con cada vez más efectos especiales, por si eres sordo y ciego a las señales. ¡Ojo que a este paso, si no te enteras, haces puenting, aunque le tengas miedo a las alturas!
Y aquí estamos, haciendo la vida a pie, paso a paso, sin saltarnos ninguna curva. Como decía mi padre: «Más vale morir que perder la vida» y ahora, que recuerdo cada palabra suya como un mantra en mi vida, vuelvo a sentirme orgullosa de su manera de afrontar esta vida sin instrucciones, especialmente en sus momentos finales, habiendo superado una pandemia, con toques de queda, aislados de las personas amadas, y decidido a caminar todas las mañanas por los pasillos, una hora diaria para no perder fuerza y músculo, para sostener la vida a toda costa con la ilusión de volver a ver a sus hijas, a sus amigos y saludar a desconocidos por esa calle que estuvo tanto tiempo sin transitar.
Otros no pudieron hacerlo, se marcharon antes, pues sus años de sacrificios, fueron boleto ganador para un triaje del que ahora nadie quiere rendir cuentas. Aquellos anónimos ancianos, se quedaron atrapados en una fría pesadilla sin abrazos, sin caricias, sin palabras de aliento, confundidos y alterados por una memoria que ya no comprendía el mundo, o mejor dicho, «este mundo» al revés, donde la vida de unos vale más que la de otros.
En este tiempo convulso, estos senderos tantas veces torcidos e intrincados nos dicen a voces que hasta vivir es un lujo que no todos pueden permitirse, pero que debería de ser, «de verdad» un derecho fundamental para todos y no papel mojado. Puede sonar muy idealista, especialmente cuando no cesan las guerras que arrasan poblaciones enteras, con pérdidas humanas por millones, pero desde estas líneas quiero honrar cada persona que se marcha de este complicado mundo, pues cada ser humano en este planeta nuestro, ha dejado la huella de sus pasos, como mejor ha sabido, seguramente con muchos errores, como todos nosotros, presos de prejuicios, creencias, dogmas, aunque la verdad desnuda, la única verdad que nos debería importar, aquella que tendríamos que defender a toda costa, no tiene escaparates. La esencia que mueve nuestros pasos en esta vida aparentemente sin instrucciones, tiene sus propios mapas, es imborrable, eterna, se esconde en el bolsillo secreto de nuestra alma y además… tiene alas.

Lecturas recomendadas: «Palabras de lluvia», «El vendedor de abanicos». Narrativa ficción. Eirene Editorial.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *