Tras la presentación «Al otro lado del río»

Ayer se realizó la presentación del libro «Al otro del río» y estamos orgullosas de decir que fue un éxito.

Gracias a la colaboración del Concejal Presidente de la Junta de Distrito de Carabanchel, Carlos Izquierdo, la directora de la Biblioteca de la Chata, los autores y autoras que nos acompañaron y el coordinador, Jorge Ruiz Morales, que hizo posible la existencia del libro, los asistentes, de todas las edades, pudieron disfrutar de fragmentos de esta obra leídas por los propios autores y autoras:

Victoria Alonso: “Zapatos de tacón rojo”
Elena Romera: “Amor en el barrio”
Javier Escudero: “Redes de orgullo”
David Mateo: “Los secretos del Seven Sea”
Cristina M.ª Menéndez Maldonado: “Barro”

Además de la lectura de estos fragmentos, tanto María Consuelo, la editora de Eirene Editorial, como Carlos Izquierdo, el Concejal Presidente de la Junta de Distrito de Carabanchel, y Jorge Ruiz Morales, coordinador de la obra, mostraron su gran amor por el barrio, el arte y la edición de libros a través de sus palabras. Entre todas ella, destacar las que el concejal dijo: quizás es el destino que, en un principio fueran a haber 12 autores y autoras, y uno acabara no participando, quedando solo 11, siendo Carabanchel el distrito de la capital de ese mismo número.

Agradecemos a todos los asistentes su presencia en este evento y esperamos verlos en las próximas presentaciones.

La poesía crítica es necesaria (Raúl Castañeda).

El poema como artefacto eficiente. Raúl Castañeda.

La poesía es un lugar no solo de entretenimiento y expresión emocional. Todas las artes han tenido siempre una pulsión entre autores que han volcado sus inquietudes políticas y sociales en sus obras frente a poderes económicos que han apoyado sistemáticamente a aquellos que incomodan menos al lector y a los intereses de las grandes compañías. La poesía crítica no creo que esté necesariamente en contra de la poesía que no lo es sino del monopolio de la poesía como producto comercial y de entretenimiento que fomenta el sistema. La poesía no está hecha para ganar dinero, aunque deban vivir con dignidad los escritores, y hay que recordar a los poderosos que no de todo se puede hacer negocio, que saquen sus manos del alimento del pueblo. En literatura las grandes distribuidoras apoyan sistemáticamente un tipo de poesía superficial,  poco elaborada, con escasas capas de lectura y centradas , al igual que ocurre en la música mainstream, en temáticas superficiales (como el amor romántico) que empuja a realizar lecturas  rápidas y por tanto un consumo acelerado del artefacto cultural -el libro- a costa de que la cultura del pueblo se adolezca porque acostumbra a este a mensajes más simples y poemas más cortos, reduciendo así el esfuerzo cognitivo del lector y limitando el desarrollo de sus capacidades intelectuales y/o emocionales. Por tanto, la poesía crítica como movimiento de contrapoder permite no solo construir una cultura que ralentice los tiempos y se pregunte el por qué de las cosas sino que alimente , en lugar de anestesiar, el sustrato nutritivo de los cerebros. Y es que este tipo de poesía ha servido siempre, aunque no haya gozado de gran altavoz mediático, de encuentro para la reflexión y la inquietud, en ocasiones desde un vehículo emocional y/o racional, un sitio para obtener más que respuestas, nuevos interrogantes para no pasar de puntillas o con inercia por la vida sino obtener en consecuencia una conciencia del mundo en el que vivimos, las estructuras socioeconómicas que lo sostienen y repensar  nuestros comportamientos y actitudes colectivas e individuales. La poesía crítica es necesaria no solo para enjuiciar los males de nuestra sociedad y señalar a los responsables, sino para trabajar, desde el poder que otorga la metáfora, en imaginar un nuevo mundo, otras formas de organizarnos más amables entre nosotros y con el planeta. Para ello, la crítica del poema no debe -en mi opinión- quedarse en el quejido legítimo sino en evidenciar poéticamente las causas estructurales que explican los dolores de nuestra cotidianidad con la mirada siempre en otros futuros posibles. Los poetas a los que admiro tienen esa capacidad para fotografiar el paisaje diario y revelar detalles desapercibidos en esta sociedad en la que deambulamos con prisa. Creo que la poesía crítica posee limitaciones materiales para cambiar el entorno -un poema no para un deshaucio, los desahucios lo paran las personas- pero posee potencialidades simbólicas para inducir nuevas miradas que impulsen acciones transformadoras. Además, en un momento de auge conservador marcado por un peligroso revisionismo histórico, entre otras cuestiones más graves, la poesía ha sido siempre y será un lugar para la memoria, la reparación y la defensa del más débil. 

Algunos autores como Jorge Riechman defienden posturas prudentes con respecto a  la instrumentalización de la poesía. Yo entiendo los peligros que esto conlleva pero también las limitaciones de que los poetas no estén actualmente organizados para unir una inteligencia colectiva que haga del poema un artefacto eficiente y me atrevería a decir con cuidado útil o material (aunque no necesariamente productivo). Creo que el poeta crítico convive entre la disonancia de querer transformar desde la poesía y no haber encontrado vías organizativas para ello, posicionando al poema como un espectador que trabaja el plano simbólico junto a los movimientos sociales pero no dentro de los movimientos sociales o al menos no de forma colectiva. Superar esa disyuntiva quizás puede ser un reto para nuestra generación.

Lectura recomendada: Poesía de barrio. Raúl Castañeda. Voces nuevas. Eirene Editorial.