Querida lectora, querido lector (Teresa Olalla).

Querida lectora, querido lector:

¿Cuánto hace que no sientes la ilusión de abrir el buzón y encontrar esa carta que llevas esperando días, semanas, puede que meses?

La inmediatez de la mensajería instantánea ha asesinado, no solo esa ilusión, sino el tiempo de espera, la pausa de sentarnos a dedicarle a otra persona nuestro tiempo para contarle nuestra vida, nuestra historia; ha asesinado tocar la hoja escrita por otra persona que se desvela en unas cuantas líneas. Ha asesinado el romanticismo de la comunicación profunda y verdadera, aquella que se lleva a cabo pensando y repensado qué vas a contar; ha asesinado el acto íntimo de narrarnos.

Las cartas tenían eso, que contaban historias, algunas tan literarias que se han publicado, como por ejemplo La voz del padre, la voz de la madre de Lucía Bonet Guillot (2020), en el que se recoge, entre otras cosas, las notitas que sus abuelos se entregaban a escondidas cuando su abuelo estaba preso durante el franquismo.

Las cartas son testimonio en presente de la Historia y por eso las editoriales han publicado la correspondencia de personalidades, pero como soy escritora me voy a centrar en mencionar las de escritores, escritoras, editores, (nótese que no especifico editoras).

Elijo unas cuantas a modo de ejemplo por mi propio gusto: Joseph Roth & Stefan Zweig: Ser amigo mío es funesto (Correspondencia 1927-1938), una auténtica fantasía de título, por otro lado; Hermann Hesse & Thomas Mann: CorrespondenciaVictoria Ocampo & Virginia Woolf: Correspondencia, (véase que hay títulos poco originales); Anaïs Nin: Una pasión literaria: Correspondencia.  Si tienes gusto por el salseo, no me digás que no mueres por leer las cartas que se enviaban don Benito Pérez Galdós y doña Emilia Pardo Bazán.

Querida lectora, querido lector, me quiero parar un momento en Miguel Delibes & Josep Vergés: Correspondencia 1948-1986, aquí la diferencia es que se trata de la comunicación entre el autor y su editor¿Por qué me detengo en ello? Cuando se celebró el centenario del nacimiento de mi amado Delibes, fui a la exposición que se celebraba en la Biblioteca Nacional. Fue un momento hermoso, paralizante y motivante al mismo tiempo ver sus manuscritos y ver, sí, sus cartas, incluso la que envió al jurado del Premio Nadal para aclarar que si su obra llegaba tarde era responsabilidad del servicio de Correos.

Según salí envié un mensaje a mi mejor amigo y le escribí una carta: «Cuando seamos escritores muertos y famosos no podrán exponer nuestras cartas porque solo enviamos wasaps». Me respondió con un mensaje.

Mi amigo y yo no llegaremos a ser escritores famosos (muertos sí por razones obvias), pero tampoco nadie leerá la cantidad de información interesante, anécdotas, risas y llantos que él y yo compartimos, os aseguro que en sus mensajes hay mucha literatura: compartimos ideas, nos ayudamos cuando estamos atascados y en cada uno de nuestros mensajes se siente la amistad que nos une. No habrá un libro titulado: Álex Casas Segú y Teresa Olalla: Correspondencia. O Una vez tuve un amigo escritor y estas son nuestras cartas. Ambas opciones publicadas por Eirene Editorial.

Hay tanta magia en la correspondencia que tiene su propio género literario: el género epistolar. La complejidad y riqueza que tiene este género es que solo contamos con las cartas de una de las personas implicadas, con lo que la escritora o el escritor debe tener la habilidad de contar en una de sus cartas la información que ha recibido del otro participante sin que se note que está repitiendo lo que ha leído. Un lío, ¿verdad? Lo hermoso es cuando lo lees y no te das cuenta.

Puesto que soy yo quien te escribe esta carta, me voy a permitir dos lujos: uno, el de mencionar a mi autor y autora favorita; dos, mencionarme a mí misma.

Dos grandes ejemplos de este género son Miguel Delibes con la novela Cartas de un sexagenario voluptuoso y Lucia Berlin en el relato Querida Laura. En ambos casos, además, hacen una radiografía de la sociedad en la que estaban inmersos.

En cuanto a mí, y pecando de ser soberbia, en la antología de relatos Al otro lado del río (2025) podéis encontrar Tustin, Orange, relato en el que me propuse hacer un ejercicio narrativo en el que una adolescente le cuanta a una amiga a través de cartas cómo está viviendo su viaje a Estados Unidos para aprender inglés; en esas cartas se debe sentir su transformación. Confieso que me inspiré en Lucia Berlín porque la adoro, (estas son las cosas que una puede hacer al escribir una carta: confesar faltas y pecadillos).

Romántica, lo que se dice romántica, no soy. Pero melancólica… Lectora o lector, ¿de verdad no echas de menos escribir y recibir cartas? Yo sí, lo he intentado con escaso éxito, vamos, que ha sido un fracaso, pero no pierdo la esperanza.

Por eso, con esta carta quiero lanzar una propuesta: ¡volvamos a escribirnos!

¿Qué te parece si escribes una carta a la dirección postal de Eirene Editorial?

Prometo responder y, quién sabe, tal vez algún año se publique Ese maravilloso experimento qué es narrarnos la vida (VV.AA., Eirene editorial).

Créditos:
Imagen de portada: buzón de correos en la calle Alcalá. www.correos.es

Lectura recomendada: «Tustin, Orange», Al otro lado del río. Teresa Olalla Tomey. Narrativa ficción. Eirene Editorial.
Otros libros: Obsesión y Lo peor que le puede pasar.

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2 respuestas a «Querida lectora, querido lector (Teresa Olalla).»

  1. Querida sobrina, querida Tere,
    Qué razón tienes en tu carta.
    Me has hecho pensar en todas aquellas cartas que recibí y en las que yo escribí, en quien me las escribió y en las personas que recibían las mías. También en los contenidos y en los textos relatando sentimientos, emociones, viajes y tantas situaciones de la vida descritas y plasmadas en cartas, postales -con imágenes del sitio desde donde se enviaban- y notas manuscritas que se dejaban en el sitio donde su destinatario las encontraba o cuando un propio, de confianza, las llevaba.
    Me vienen a la memoria los tipos de papel y de los sobres, sus colores y gramaje, los membretes y remites impresos con o sin relieve, el lacre, las plumas estilográficas, los tinteros y la tinta, las distintas caligrafías, los sellos, los buzones…cuanta melancolía!
    Sí, Tere, añoro escribir y recibir cartas.
    Hoy escribo aquí con un móvil, pero me propongo enviarte una carta manuscrita con pluma y en papel, meterla en sobre, poner tu dirección y un sello y depositarla en un buzón. A ver qué pasa.
    Un beso grande de tu tío que te quiere
    Pedro

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